Antonia Santa María: “Hay obras que no postulo a Fondart porque se tildarían de teatro comercial”

Antonia Santa María Teatro UC

La actriz UC ha compatibilizado su carrera en las tablas con su trabajo de producción en La Santa, productora que ha formado junto a su marido, el director teatral y profesor de la Escuela de Teatro UC, Álvaro Viguera. La Facultad de Artes UC conversó con Antonia Santa María sobre su experiencia en el montaje de clásicos universales y los desafíos que enfrentaron como productora.


Happy End
en el Centro Cultural Gabriela Mistral (GAM), Tío Vania en Corpartes y Todos eran mis hijos en Teatro UC, tres clásicos del siglo XX coproducidas por La Santa ¿puedes hacer un contraste en la producción de estas tres obras?

Happy End fue la que más nos costó realizar. Desde que llegué con la idea al GAM hasta que montamos la obra pasaron dos años. Era un proyecto caro y fue difícil conseguir financiamiento, pero una vez que lo tuvimos, el trabajo fue súper fluido. Quizás la más fluida de las tres. Había 100% corazón. Fue un súper lindo desafío y una experiencia hermosa... Además, fue la única en la que no he actuado, entonces también la disfruté mucho más como productora. No tenía la tensión de ser actriz.

De Tío Vania me fascinó mucho el trabajo de diseño que se hizo, también porque estábamos en un teatro que se prestaba para eso. Corpartes es técnicamente un lujo. Entonces fue entretenido: llovía, entraban animales, era un espectáculo. Encuentro que es una obra hermosa, quizás es más difícil para el público, pero tiene harto humor y la gente la disfrutó mucho.

A nivel de producción, Todos eran mis hijos fue donde hicimos un equipo más chico. Trabajamos por ejemplo sin asistencia de producción ni de dirección. Reconozco que por haber sido en el Teatro UC la relación fue más fácil, pero yo me equivoqué en creer que lo simple no necesita una contención de personas.



Happy End GAM

¿Cómo ha sido trabajar con estos elencos numerosos?
En producción la verdad es que atroz. En Chile, una obra con ocho actores es un elenco grande, Tío Vania y Todos eran mis hijos los tenían, pero después de haber hecho Happy End, nos resultó fácil. No solo era mucha gente, sino que tenía muchas áreas. Las coreografías, el canto, la actuación. Había que lograr armar el puzzle para que todos ensayaran todo, todos los días.

¿Por qué no la volvieron a montar?
Lamentablemente, por sus dimensiones es difícil volver a montarla. Quisimos volver a hacerlo con el GAM y también ha habido otros interesados siempre, pero es caro hacerlo. Con la plata que habría que poner para remontar Happy End haces otra obra. A mí me ha dado mucha pena eso siempre.


Con la plata que habría que poner para remontar Happy End haces otra obra.

¿Es el financiamiento una de las mayores dificultades para la producción de obras?
Sí, uno empieza a tener mayores exigencias o tienes ambición de hacer cosas más grandes. Técnicamente también quedamos un poco cortos con los tiempos que tienes en los teatros, previo a estrenar. En ese sentido la experiencia más cómoda fue en el GAM, con quienes producimos Happy End. Era una tremenda escenografía y nos pasaron la sala con mucha anticipación, entonces, poder estrenar con la tranquilidad de que el elenco conociera el escenario y no estar pisando huevos el día del estreno, fue muy cómodo y tranquilo. 

En la práctica, ¿en qué consiste la figura de coproducción?
Yo vengo con una idea de obra, el teatro lo programa porque le interesa el contenido y se busca una forma de financiarlo en conjunto. En general, el teatro pone una parte, según lo que pueda, quiera y esté dispuesto. Yo como productora debo poner y conseguir la otra parte. Hay diferentes figuras sobre cómo distribuir los gastos. Por ejemplo, Happy End fue financiado en un 90% por el GAM. Ese fue uno de los últimos proyectos de la línea de Javier Ibacache. Yo le presenté a Javier el proyecto y le encantó porque era muy en la línea editorial del GAM, que en el fondo tenía ganas de hacer musicales, porque venía en camino esta gran sala.

Yo respeto el teatro comercial, pienso que debe existir y que debe ser cada vez mejor.

¿Cuál es tu relación con los fondos concursables?
Reconozco que debería manejarlos más. He ganado dos Fondart, que es Pérez y Gladys, éste último con mucho sufrimiento porque la primera vez que lo intenté llegue tarde al envío, entonces tuve que esperar un año para volver a mandarlo. Después hice el cototo del fondo audiovisual de “Pérez, la película”, y no lo gané. Quedé inadmisible por una cosa muy estúpida, como que no había justificado 50 mil pesos o menos. 

Hay obras que no postulo a Fondart porque se tildarían de teatro comercial. Siento que lamentablemente cuando a uno le va bien, quiero decir, cuando llega gente al teatro, inmediatamente en el ambiente, surgen comentarios como “no, es que hacen teatro comercial”. Y yo respeto el teatro comercial, pienso que debe existir y que debe ser cada vez mejor, así como me gusta el teatro under o alternativo donde en general saben usar los recursos muchísimo mejor.

¿Crees que su trabajo con estas tres obras ha sido teatro comercial?
Creo que es una mezcla, porque no son obras fáciles de vender. Todos eran mis hijos no es comercial, es intelectual, es un clásico. Me acuerdo haber escuchado a unos colegas decir que Happy End era teatro comercial, comercial porque tenemos la sala llena. Me parece que es desde la apuesta, desde los actores, desde el lugar de todo, donde nosotros generamos que sea visualmente comercial. Se la acercamos al público y ese es nuestro objetivo: que el público pueda disfrutar un espectáculo y no por eso deba ver una obra liviana.


Todos eran mis hijos Teatro UC


¿Sientes que hay un poco de envidia en esa percepción?
Absolutamente, eso es lo que te quiero decir. Es comercial sí, porque resultó y al público le gustó pero eso es una gracia ¿o queremos hacer teatro para que estén las salas vacías? Más allá que personalmente te guste o no, o te interese que se monte un clásico o no, creo que es un aporte para la industria del teatro, y por eso lo hago, creo que hemos hecho una aporte en acercar a público que no va cotidianamente al teatro y que lo disfruta, y le emociona y que le pasan cosas y eso va a hacer que quieran ir a otra obra, de otra compañía, en otro lugar. Eso para mí es generar industria.

¿Y tus relaciones con la empresa privada?
Hasta el momento ha sido buena pero no es que tenga un mecenas, me encantaría. Tio Vania es con Corpartes el 50% y nosotros el otro 50% por medio de Caja los Andes y de empresas que compraron funciones privadas para invitar a su gente. Me acomoda, porque tampoco me gusta llenar de marcas, ni estar con cualquier marca, de hecho yo como actriz tampoco me relaciono con marcas. No soy una actriz que haga canjes. Entonces cuido mucho el proyecto, que siempre va por delante. No cualquier marca en cualquier proyecto, con cuidado porque estamos es un espacio artístico, ojalá que comercialmente sea un beneficio para los que trabajan en la obra, para el teatro, para nosotros como productores, pero por delante de todo siempre va el proyecto artístico y el discurso que venga en ese proyecto artístico. Por eso a Happy End no le podía poner una marca, no era acorde al discurso anti empresa de la obra.



TioVania Teatro UC


Entonces, ¿de qué forma lograron financiar el otro 10%?
Lo puse de La Santa y fue una inversión para nosotros también. Además, al lado de lo que pusieron ellos fue como “lo pongo”. La apuesta era recuperarlo y lo recuperamos por suerte. Soy pésima productora porque para mi va adelante el proyecto artístico sobre el tema comercial, pero porque el origen de mi productora no ha sido comercial. No digo que esté mal ese rol, pero el origen nuestro ha sido súper artístico, antes de yo ganar plata está el poder hacer lo que queremos. No soy una persona que este cuidando la plata, sino que me interesa primero que lo que nos imaginamos lo logremos, si después ganamos plata mejor. Ahora lo que no me gusta y que no he hecho nunca por suerte es perder plata. Hay un límite.