Pablo Manzi: “El mundo no oyente cuenta una historia de violencia y exclusión”

Pablo Manzi Tribus
El protagonista de la obra “Tribus”, en cartelera en Teatro UC hasta el sábado 9 de junio, conversó con Facultad de Artes UC acerca del desafío que significó aprender su texto dramático en lengua de señas y cómo esto amplió su perspectiva del mundo de las personas sordas.

Cuando la directora de Tribus, Manuela Oyarzún Grau (Cabeza de Ovni, La buena vida, Lágrimas, celos y dudas), le ofreció el papel de Willy, Pablo Manzi (Dónde viven los bárbaros, Tú amarás) sabía poco y nada de las personas con discapacidad auditiva: “Tenía los prejuicios más clichés que podían haber sobre las personas sordas, no conocía el mundo al que pertenecen, cuál es su vínculo con el mundo oyente. Tenía prejuicios de ignorancia, porque era un tema que me resultaba absolutamente indiferente. Me imagino que sabía lo que la mayoría de las personas conocen”.

Todo esto cambió cuando Pablo Manzi se enfrentó a la interpretación de Willy, un joven sordo de nacimiento, hermano menor en una familia de oyentes que fue obligado a aprender a leer los labios y que permaneció aislado del mundo sordo hasta que conoció a Sylvia, interpretada por Ignacia Baeza (Perdona nuestros pecados, Cerati, nada personal), una joven que proviene de una familia con discapacidad auditiva y que paulatinamente está perdiendo la audición. Junto a ella, Willy comienza a sumergirse en la cultura no oyente y a comunicarse en lengua de señas, desafío que ambos actores asumieron con rigor.

La pieza teatral escrita por la británica Nina Raine, contó con la asesoría en Lengua de Señas Chilena de la intérprete Andrea Pérez, quien además de interiorizar a Pablo Manzi e Ignacia Baeza en el mundo no oyente, los ayudó a aprender sus diálogos. “Fue súper difícil para Ignacia y para mí porque hay una gran diferencia en la sintaxis, y para memorizar en lengua de señas fue necesario pensar en lengua de señas, por lo que nos reuníamos una vez a la semana durante tres meses con Andrea, que nos iba corrigiendo. A veces repasamos por Skype con ella porque no teníamos a nadie más que nos revisara. Incluso grabamos algunos diálogos que nos costaron demasiado”, recuerda Pablo Manzi.

La lectura de labios también significó un desafío para el protagonista de Tribus, ya que “la actuación tiene mucho que ver con diálogos, con poder mirar los ojos de tus compañeros, con estar atentos a lo que dicen y un poco a estar atento a la situación. Aquí obviamente hay una capa más, lo que no pudiste ver, lo que no pudiste leer en los labios, lo que no escuchaste, simplemente te lo perdiste. Te empiezas a dar cuenta lo difícil que es para una persona sorda, por ejemplo, estar en un colegio de oyentes. Tienes que estar leyendo los labios del profesor todo el tiempo. Yo podría hacer eso media hora, pero hacerlo durante ocho horas diarias es muy fuerte”, afirma Pablo Manzi.

El mundo no oyente

Gracias a Andrea Pérez, ambos actores pudieron acercarse a parte del universo de personas sordas en la Asociación de Sordos de Chile. Pablo Manzi explica que no es tan fácil tener acceso a personas con discapacidad auditiva que se vinculen con el mundo oyente, “Ahí pudimos acercarnos a algunas personas con historias muy parecidas a las que están presentes en la obra. En el caso de la Asociación de Sordos de Chile, son personas sordas que están reunidas con otras personas sordas y que se comunican en lengua de señas, pero hay miles de otras personas sordas que están obligadas, todavía, a comunicarse a través de la lectura de labios y hacen el esfuerzo de pronunciar palabras para el mundo de los oyentes”, cuenta el actor.

¿De qué te diste cuenta cuando visitaste la Asociación de Sordos de Chile?
Me empecé a dar cuenta que había algo mucho más gigante que lo que nosotros estábamos entendiendo y que habían cosas más ofensivas e insultantes que lo que nosotros creíamos. El mundo no oyente cuenta una historia de violencia y exclusión. Nos contaban que hace mucho tiempo, los métodos para que personas sordas pasaran a formar parte del mundo de los oyentes eran súper agresivos. Los obligaban a leer los labios, a mover la lengua, a hacer sonidos, les hacían ejercicios con fósforos. Algo que es mucho más violento de lo que uno cree.

¿Qué visiones has podido observar dentro de la Asociación?
He conocido otras perspectivas fuera del estigma médico que explican que esto no es una enfermedad que requiere rehabilitación, que en el fondo dicen: “Nací sordo, mi familia es sorda y yo quiero que mis hijos sean sordos, porque creo que esto es una cultura”. Qué se yo, hay poesía y arte sordo, toda una comunidad y una forma de pensamiento que surge a propósito de esto. En cambio, hay otras personas que tienen, como en la obra, la perspectiva de decir yo quiero que mis hijos sean normales, y al utilizar esa palabra ya están siendo agresivos.

¿Cuál ha sido la recepción del mundo no oyente de la obra?
La obra ha sido vista por personas sordas, al menos dos se me acercaron y una de ellas dijo que podía ser una obra muy recomendable para familias oyentes con algún familiar sordo, ya que trata el tema fuertemente, aunque la obra no es necesariamente una reflexión sobre las personas sordas. Familiares o personas sordas nos han contado cómo la obra les ha tocado por el conflicto que tiene.

¿Te han dicho algo sobre tu desempeño con lengua de señas?
Espero me hayan entendido, me dijeron que sí al menos (ríe). Pero hemos tenido funciones distintas, por ejemplo una persona sorda que vino en la primera función que hicimos, en la que estábamos ultra tensos haciendo las señas, nos dijo que podríamos hacerlo fluir un poco mejor. Y otros días nos han dicho que se entiende perfecto. Si tú me preguntas, siendo muy honesto, yo creo que siempre debo sonar un poco como gringo hablando español. Esa es mi sensación.