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Guillermo Calderón sobre El Conde: “Nos interesaba mucho que la película no evitara mirar directamente el dolor y la crueldad de los personajes involucrados”

4 de diciembre de 2023


El académico de la Escuela de Teatro UC ha tenido un año marcado por estrenos y reestrenos teatrales, su nueva faceta como director de películas y el extraordinario reconocimiento que recibió como coescritor de la última película dirigida por Pablo Larraín, El Conde (2023). A continuación, Guillermo Calderón reflexiona sobre lo que plantea esta sátira, las críticas y su aporte como profesor de las nuevas generaciones de artistas.

Necesito compartir este premio con Guillermo Calderón, quien escribió este guion conmigo. Es un compañero de toda la vida. Hemos escrito tantos guiones juntos. El hombre es un genio y uno generoso. Nuestra colaboración ha sido esencial— expresó Pablo Larraín, director y coescritor de la película El Conde (2023) al recibir la Osella Dorada al Mejor Guion en la jornada final del 80° Festival Internacional de Cine de Venecia, que se llevó a cabo el 9 de septiembre de este año.

Ese sábado, se cumplían 130 días desde el inicio de la huelga del Sindicato de Guionistas de Estados Unidos, gremio al que Guillermo Calderón pertenece desde hace ocho años y que le prohibía participar de cualquier entrevista, publicidad o premiación vinculada a la película chilena mientras se extendiera la movilización. Por este motivo, el académico de la Escuela de Teatro UC no fue parte de la gestión de prensa de El Conde, ni de ninguna alfombra roja en Chile o el extranjero. Del premio se enteró de manera telefónica.

Pablo me llamó cuando recibió el premio porque nos acompañamos en el proceso desde el día uno y este fue un bonito cierre. A pesar de que él tiene una trayectoria, reputación y una gran productora detrás —Fábula—, hacer cine siempre cuesta mucho. Requiere un esfuerzo profesional y personal absoluto, así que recibir algún tipo de recompensa simbólica es realmente satisfactorio— expresa Guillermo Calderón, quien ya había colaborado con Larraín en la escritura de El club (2015) —película que obtuvo el Oso de Plata en Berlín—, Neruda (2017) y Ema (2019).

En la siguiente entrevista —y finalizada la huelga— el reconocido dramaturgo y director teatral, se refiere a El Conde y reflexiona acerca de la crítica, el éxito, el teatro político y aquello que lo impulsa a desarrollar su faceta como profesor de Actuación UC.

"Estoy aprendiendo a existir en el mundo del cine al mismo tiempo que intento transmitirlo a los estudiantes. Ese doble elemento ha sido súper interesante para mí y creo que es parte de lo que cualquier escuela de artes necesita", afirma Guillermo Calderón, sobre su papel como académico de la Escuela de Teatro UC.

"Que entre el arte y que diga algo interesante y provocador siempre enriquece la discusión"

La cinta protagonizada por el actor Jaime Vadell, es una sátira que retrata la vida que tendría el dictador chileno Augusto Pinochet de haber sido un vampiro que abdicó de la vida pública por el propio sinsentido de su existencia. Con Gloria Münchmeyer como Lucía, esposa del dictador, la película muestra una cotidianeidad anodina y profana, con cuotas de humor negro.

¿Cómo surgió la idea de abordar la dictadura de Pinochet desde la perspectiva de un personaje inmortal, en este caso, la de un vampiro?

—Es un proyecto que busca hacerse cargo de la memoria del país, porque una de las cosas que evaluamos con Pablo fue que la dictadura no se va y que termina por aparecer como una especie de fantasma perpetuo sobre nuestras conciencias, sobre el país y su historia. Entonces, es interesante poder pensarlo desde un personaje que no muere. Fue desde ahí que se empezó a hilar esta historia con elementos del género del terror y también con un ánimo paródico sarcástico. Con sentido del humor y un gran sentido del dolor, porque nos interesaba mucho que la película no evitará mirar directamente el dolor y la crueldad de los personajes involucrados.

—El estreno de la película coincidió con la conmemoración del Golpe de Estado, ¿qué te parece que haya sido presentada en esa fecha?

—Fue una coincidencia que estrenara en esta fecha (el 9 de septiembre de 2023), no estaba planeado así. Esta idea, propuesta por Pablo hace muchos años, había estado dando vueltas. La dejamos a un lado hasta que llegó la posibilidad y el financiamiento para hacerla. La comenzamos a escribir a finales del 2021 en un proceso como de seis meses. Lo de los 50 años fue totalmente circunstancial, pero fue una buena oportunidad porque el debate tiene muchas aristas y se corría el riesgo de que todo estuviera atrapado por el tema de la nueva Constitución, la memoria inconclusa o la falta de justicia, incluso. Esta película permite hablar de otras cosas, principalmente de estos símbolos de la dictadura que se rehúsan a morir. Un debate más complejo más rico y vinculado con el arte que no siempre pasa. A veces solo ocurre desde la academia o desde las instituciones más tradicionales hacia los medios. Que entre el arte y que diga algo interesante y provocador siempre enriquece la discusión.

—¿Qué significa para ti haber estrenado en Netflix?

—Nosotros siempre supimos que la película iba a terminar en una pantalla chica, ese es el lenguaje ahora. Y es la manera en que se pudo financiar este proyecto, por lo tanto, siempre se piensa con resignación que ahora es así como se consume gran parte del cine. Pero también es una oportunidad increíble poder ver cine de otros países y que la gente conozca lo que estamos haciendo en Chile, a partir de estos canales de streaming.

— A la fecha, ¿sabes cómo ha sido la recepción de El Conde en el mundo?

— Netflix nos ha informado de una gran cifra de personas que ha visto la película completa en Europa, lo que es excelente. Pero ser parte de la selección de un festival tan prestigioso, con tanta tradición y mística como el de Venecia fue el mayor premio, esa fue la celebración. Después, cuando vino el reconocimiento al mejor guion, fue como una especie de premio extra.

Pablo Larraín, en la foto, y Guillermo Calderón comenzaron la escritura del guion de El Conde en 2021. Créditos: Diego Araya Corvalán

La sátira, la crítica y la posibilidad de la interpretación

El fin de semana en que El Conde estrenó por Netflix para Chile y Latinoamérica, la crítica y los espectadores estuvieron divididos. Mientras algunos celebraban la figura demacrada y patética de Augusto Pinochet, otros condenaban la indolencia con la que aparecían algunas víctimas de tortura y asesinato por parte del régimen. Algunos incluso tildaron a la película de ser propaganda marxista.

En los medios, muchas personas han celebrado el tono satírico de El Conde, pero también hay otros que creen que un tema tan doloroso, no puede tratarse de esta manera ¿qué piensas al respecto?

—Siempre queremos que nuestras películas estén abiertas a la interpretación. En la sátira hay una provocación intelectual que abre la interpretación en distintas direcciones. Nos encanta que existan distintas visiones, ya que todas son válidas. Personalmente, creo que la sátira y el humor son elementos fundamentales para tratar temas como estos. No después de 50 años, sino que, desde el mismo día es una necesidad para la sobrevivencia. Cuando uno lee los testimonios de toda la gente que sufrió directamente la violación de los derechos humanos, siempre hablan sobre la capacidad de tomar distancia a través del humor, incluso de reírse de su situación mientras están en los momentos más crudos, como una estrategia. Esta discusión que se abre ahora es una discusión que se abrió hace 50 años.

—El humor es un recurso recurrente en tus obras de teatro. Entonces, imagino que no es la primera vez que recibes este tipo de críticas…

—En realidad, creo que nunca he leído una crítica de alguna de mis obras o películas. A veces, cuando hablo con periodistas me dicen: ‘Oye, leí una crítica de tu película o tu obra de teatro que habla más o menos tal cosa’, y en ese momento me entero que alguien dijo eso, pero no porque yo lo haya leído, ni siquiera sé quién lo escribió o el contexto.

—¿Prefieres mantenerte al margen de las discusiones que genera tu trabajo?

—Es que vivo como en un mundo paralelo porque, además, por una cosa cronológica cuando la crítica ocurre, uno ya está varios proyectos adelante, pensando en otras cosas. Cuando llegan las críticas o los premios, uno realmente está en otro planeta, pensando 10 km más adelante. Entonces no es tan interesante mirar hacia atrás.

— Y entonces, ¿de qué manera retroalimentas tu trabajo con el medio?

—Cuando uno escribe una película, y esta se produce, se graba y después pasa a la etapa de la postproducción, uno piensa en la película desde todos los ángulos imaginables. En ese momento, hay una enorme discusión interna entre el grupo creativo, Pablo y yo, sobre lo que la película es y lo que significa. Esa es la crítica, cuando las opiniones son invertidas, discutidas, analizadas y cuando transforman la película. Lo que pasa después es más responsabilidad de la gente que la ve, la gente que quiere opinar y todo eso. De todas maneras, creo que hay crítica académica que es muy interesante de leer, porque hacen que uno realmente piense en su trabajo. Esa es la crítica que leo, pero ya ni siquiera como crítica, es más bien un análisis que ocurre después de la primera ola de reacciones.

—¿Sería este un consejo que le darías a las nuevas generaciones que quieren dedicarse al área creativa?  

—Yo les diría que piensen que es entretenido que haya diálogo y conversación, incluso polémica. Aunque no es una polémica a la que uno esté invitado. Es como una conversación que ocurre en la mesa de otras personas, no tiene que ver mucho con uno ni con su trabajo. En este caso, es la película la que tiene que explicarse y defenderse. Uno no puede decir mejor lo que dice la película. Además, es muy fácil caer en la trampa de terminar explicando lo que se quiere decir y eso siempre es un error, porque se crea la idea equivocada de que existe un código secreto en donde hay solo una explicación correcta para interpretar la película que se guarda en una caja fuerte en la casa del director y el guionista. No. Por el contrario, toda obra o película merece ser interpretada de cualquier forma. Y creo que la participación de los creadores en la discusión, más que aportar muchas veces restringe la polémica.

El profesor Guillermo Calderón

En la última década, la carrera del dramaturgo y director teatral Guillermo Calderón ha despegado en dirección a la pantalla grande. De hecho, recientemente lo invitaron a dirigir su primera película: Maquíllame otra vez (2023). No obstante, su vida en las tablas continúa siendo muy prolífera. En el primer semestre, estrenó la obra Baviera en el prestigioso Residenztheater de Munich; en Chile presentó la obra Constante (2022), una comedia policíaca que escribió junto con el dramaturgo uruguayo Gabriel Calderón; y en septiembre, con motivo de los 50 años del Golpe de Estado volvió a montar la obra Villa (2011) que, a principios de noviembre, estrenó en el Festival Iberoamericano de Teatro de Cádiz y el Festival de Otoño de Madrid, en España.

— Para mí ha sido una experiencia extraña e interesante vivir todo este proceso siendo académico de la Universidad Católica. Quiero que lo que hago en la sala de clases con los estudiantes sea como una especie de volcamiento de toda esto que he aprendido. Y para enseñarlo, estoy aprendiendo a existir en el mundo del cine al mismo tiempo que intento transmitirlo a los estudiantes. Ese doble elemento ha sido súper interesante para mí y creo que es parte de lo que cualquier escuela de artes necesita.

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