Alejandro Vera: "La música clásica es algo profundamente contracultural"

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En el marco del Concurso Regular Fondecyt 2019, el fondo para financiar el proyecto “Música y liturgia en la catedral de Lima durante el período virreinal” fue adjudicado por el profesor Alejandro Vera Aguilar. Se trata del séptimo Fondecyt obtenido consecutivamente por el académico desde el año 2005, algo inédito en el ámbito de la musicología nacional.

 Por Misha Torres

El profesor Alejandro Vera, quien actualmente imparte dos cursos de pregrado, además del curso de doctorado “Metodología de investigación doctoral”, tiene una trayectoria de más de una década en el estudio de la música del período colonial. Su último gran reconocimiento fue la obtención del Premio de Musicología Casa de las Américas 2018, gracias a su libro “El dulce reato de la música. La vida musical en Santiago de Chile durante el período colonial”, donde abordó tanto la vida privada como los espacios públicos y las instituciones religiosas.

El objetivo principal de su actual investigación es conocer mejor la vida musical de la Catedral de Lima ¿por qué allí? Porque el arzobispado de la Iglesia Mayor del Perú tenía a su cargo tanto la arquidiócesis de Lima como las demás diócesis sudamericanas, incluyendo la de Santiago, convirtiéndola en una de las catedrales más importantes a nivel continental durante el la colonia.

Como comenta el académico, el tema ya había sido investigado hace décadas atrás por Andrés Sas, en su obra “La música en la catedral de Lima durante el virreinato” (1971). Sin embargo, Alejandro Vera defiende su proyecto señalando que, si bien revisará los mismos documentos que utilizó Sas, también explorará temas que este dejó sin abordar, como la colección de 40 libros de canto llano preservados en el santuario.

"Entender la música como una cosa más amplia, como una cultura en sí que incluye prácticas que no son necesariamente musicales".

Además, Alejandro Vera propone revisar las partituras de la colección de música polifónica del Archivo Arzobispal de Lima, colección que no se encuentra en la catedral y que tampoco fue trabajada anteriormente a cabalidad. ¿Cómo interactuaban las personas del período?, ¿qué obras se tocaban?, ¿en qué festividades? Son algunas de las interrogantes que el académico busca esclarecer en esta investigación, que trabajará en dicho terreno dentro de un plazo de tres años, sumándose los más de quince años de estudio de música colonial.

 

¿En qué se está enfocando en esta primera fase de la investigación?

El proyecto comenzó desde el primero de abril, y desde entonces se ha enfocado en algo que surgió durante mi última investigación, que es un envío de música que se hizo desde España a Lima en el año 1690. En el inventario del cargamento, de libros y otros bienes, aparecen especificados las obras, los autores y géneros. Esto es sumamente interesante porque para Lima del siglo XVII no se sabe nada respecto a importación musical. Hay un supuesto de que había música que llegaba a la ciudad, casi como un como dato marginal, pero no se conoce el tipo de música ni quién la mandaba.

En abril de este año, fui a Perú para documentar el tema con mayores detalles, leyendo sobre el curso y el destino del cargamento, las personas involucradas y un pleito grande vinculado al material: la persona que traía el envío murió en el camino y los herederos fueron demandados por la Catedral, proporcionando mucho expediente judicial, lo cual va más allá del estudio de la música misma. Sin una perspectiva musicológica no se podrían comprender bien estas cosas. Por supuesto que interesa el análisis de la teoría musical y todo eso, pero también interesa vincularlo con su contexto social, cultural y la historia; entender la música como una cosa más amplia, como una cultura en sí que incluye prácticas que no son necesariamente musicales.

 

catedral de lima fondecyt alejandro vera

 

¿Qué cosas espera encontrar en Lima durante el tiempo que dura el proyecto?

Podría ser alguna pieza musical que no se conozca, como algún libro de polifonía o algo similar. En este sentido yo estoy más o menos satisfecho con el corpus de fuente que tengo hasta el momento. Quizás hace quince años, cuando empecé, lo único que quería era encontrar fuentes nuevas. Pero ahora lo que más me interesaría es que en los mismos documentos que revisó Sas aparezcan datos interesantes que no hayan sido vistos antes, o cuya importancia no haya sido dimensionada. En esta línea, me ha aparecido bastante información respecto a organeros y sobre los propios instrumentos, datos que no se conocen, y que estoy evaluando para dedicarle un artículo a ese tema si es que sigo encontrando más cosas. En el fondo, lo que uno espera es modificar la idea previa sobre una realidad. Me interesa aportar con nuevas miradas sobre material del cual se tiene otra opinión, y también que aparezcan fuentes nuevas, como lo es, por ejemplo, el inventario de este cargamento de música que no se conoce y que aporta conocimiento nuevo respecto a lo que estoy investigando.

 

¿Por qué cree que es importante realizar este proyecto?

Yo creo que los mismos historiadores se han pisado un poco la cola últimamente, ahora que se protesta, con justa razón por lo demás, sobre la eliminación del ramo de Historia como asignatura obligatoria. Han hecho énfasis en que la historia se hace en el tiempo actual y sobre cómo lo que estudiamos del pasado sirve para iluminar nuestro presente, pero eso en un sentido más utilitarista. Yo trato de insistir siempre en que los hechos del pasado son interesantes en sí mismos, porque son conocimiento, y muchas veces no somos conscientes de las utilidades que eso puede tener más adelante. ¿Cuántas cosas se han hecho con la pretensión de ser meras abstracciones teóricas y que han tenido aplicaciones súper prácticas cien años después? Yo valoro el hecho de conocer los hechos del pasado, aunque nunca se vayan a conocer en su completitud, pero esa es la limitante que tiene todo conocimiento científico. La historia no es tan distinta a otras disciplinas investigativas.

"En el fondo, lo que uno espera es modificar la idea previa sobre una realidad".

¿Qué diferencias hay entre el estudio de la música colonial en Lima y en Santiago? ¿Se pueden caracterizar?

Es una pregunta que igual me he hecho pero no he llegado a una respuesta clara. Hay una diferencia que, podríamos decir, es cuantitativa. Hay prácticas e instrumentos que se encuentran en ambos lugares, pero la cantidad y dimensiones son distintas. Hay más datos en Lima sobre la posesión de instrumentos a manos de privados, como también hay más información sobre el comercio. Por ejemplo, he revisado los fondos de aduanas a fines del siglo XVIII que dan cuenta de la cantidad y tipo de instrumentos que llegaban a Lima, y lo que noté es que, por ejemplo, de los 600 instrumentos registrados, luego se exportaban sólo unos 200, por lo que la mayor parte de lo que llegaba a la ciudad en términos musicales se consumía en lugar; el mercado limeño era mucho más grande que el de Santiago. Más allá de eso, la otra diferencia sería el referente que era Lima para Santiago, el cual adoptaba prácticas del Virreinato.

 

¿Y qué hay entre México y Perú?

Con México sí es mucho más clara la cuestión cuantitativa, porque México tiene mucho más material conservado de distinta índole. Era más grande como virreinato, entonces los musicólogos que estudian allá pueden especializarse en más cosas. Si alguien quiere estudiar los libros de polifonías del siglo XVI y otro estudiar sobre el siglo XVIII, estos no tendrán nada que ver entre ellos. En cambio, si voy a estudiar la música de la Colonia en Santiago, no me puedo especializar en cada uno de los siglos porque hay menos material.

¿El estudio de la música colonial es algo que se deja de lado acá en Chile?

Es curioso, porque en Lima se estudia poco el tema, pero allá tienen una valoración de lo virreinal. Aquí en Chile es un poco más coherente, porque no fuimos virreinato, pero también se ve como algo negativo; está todavía presente la mentalidad del siglo XIX. Como dije antes, puede haber menos material acá, pero efectivamente existe. Sin embargo, más que nada es un tema de desinterés, casi una cuestión cultural. En la Catedral del Santiago habrán unas 300 piezas del período, lo cual es suficiente para poder realizar tesis sobre varios géneros y autores.

¿Qué cosas te gustan de la música colonial que terminaron por definir esta línea de trabajo?

Generalmente, se ve la música clásica como algo muy tradicional y alineado con la cultura dominante. Y yo creo que hoy en día es todo lo contrario, que es algo profundamente contracultural, en un contexto donde no se promueven precisamente los valores del intelectualismo ni la cultura clásica en general. Creo que esa misma sensación es la que tenía de chico, cuando comencé a estudiar guitarra clásica a los trece o catorce años. No era una sensación de “estoy haciendo lo que a todo el mundo le gusta”, sino al contrario, “estoy haciendo algo que no a todo el mundo le gusta”, incluso remando contra corriente en el colegio donde estudiaba.

Luego, más o menos cuando tenía dieciséis años, amigos guitarristas a los que les gustaban también otros instrumentos como el clavecín, la viola da gamba y la música barroca, me comenzaron a pasar cassettes y empecé a rayar con esas cosas; música barroca y renacentista, de los siglos XVI al XVIII. Quizás no soy consciente de todos los factores y las razones que explican mi gusto, pero entre otras cosas, tiene que ver con una manera de escuchar la música y en el modo en cómo se mueven las melodías. Hay muchas personas que escuchan la línea melódica y el texto. Yo soy de una mentalidad más instrumentista, donde me fijo mucho más en la melodía y en los bajos. En la música popular actual, la música que me gusta es en donde se mueve mucho el bajo, que es lo mismo que sucedía con la música barroca.

Y desde el carácter interdisciplinario de la musicología ¿existe un gusto por la cultura impregnada en estas obras?

La evocación a los tiempos pasados y el romanticismo viene más o menos desde chico, con ideas como “esto me suena como a los palacios y a esas cosas”. Me llamaba la atención por ser antiguo y diferente, con una sonoridad que encontraba muy bonita y muy distinta a lo que estaba acostumbrado a escuchar siempre. El primer deslumbramiento por ese tipo de cosas fue como “oye, esto nunca lo había escuchado y es maravilloso”, lo cual es algo que hoy en día se está perdiendo. Cuando veo a los estudiantes, la mayoría quiere estudiar la música que escuchan todo el tiempo y están muy desconectados de la idea de dejarse maravillar por la diferencia. Por supuesto que hay de todo entre los estudiantes, no quiero estigmatizar ni nada. Pero por ejemplo, el otro día hacía una estadística sobre cómo es la cosa en Chile, y llegaba a la conclusión que casi todos los musicólogos estudian siglo XX y XXI, o sea lo más actual y contingente, muy poco siglo XIX, y mucho menos colonia. Efectivamente, hay un mayor interés por el presente y por el tiempo pasado más contemporáneo.

 "...Se ve la música clásica como algo muy tradicional y alineado con la cultura dominante. Y yo creo que hoy en día es todo lo contrario, que es algo profundamente contracultural".

Considerando el hilo conductor que existe a lo largo de toda su investigación ¿cuáles pueden ser los nuevos horizontes dentro del estudio de la música colonial?

No lo tengo tan claro. De hecho, antes de postular a este proyecto dudé mucho si hacerlo y sobre qué tema. Quizás pude haber hecho algo sobre los vínculos de la música tradicional y la Colonia, pero no tenía claro si seguir investigando en Lima era algo que quería hacer. Fue muy determinante para esto el material nuevo del envío de música que me mostró el archivero, el que tiene mucho potencial para un proyecto grande. Como esta investigación lleva un par de meses tampoco he querido proyectarme del todo sobre cuál podría ser la línea después. Yo me siento más cómodo realizando trabajos de archivos, revisando documentos antiguos y, últimamente, reflexionando teóricamente sobre la disciplina de la musicología histórica. He pensado. eso sí. hacer algo de análisis musical, el lenguaje y lo compositivo. O por ejemplo, en el caso limeño, ponerme a estudiar la música de la vida privada, de lo cual no se ha investigado casi nada. Ahí hay mucho campo, pero son estudios largos que se ven dificultados por el hecho de no estar viviendo allá.