Descubriendo a las jóvenes promesas del Ciclo Elemental del Instituto de Música UC

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Los estudiantes Camila Taito, Amanda Naranjo y Moisés Yáñez, del programa de formación musical especializado de nivel básico del Instituto de Música UC, han sido premiados a nivel nacional. A continuación, su historia de dedicación en el Ciclo Elemental y las dificultades que han superado al compatibilizar sus estudios.

Por Misha Torres y Lía Alvear

A los cinco años, sin saber leer ni escribir, Camila Taito ingresó al Ciclo Elemental para aprender violín, uno de los tantos instrumentos que niños y niñas pueden cursar en el programa de formación musical dirigido a escolares del Instituto de Música UC (IMUC), que tiene como objetivo la formación básica de intérpretes en un instrumento musical específico.

Hoy, con 16 años, Camila ya ha completado el programa de violín (cuya duración es de siete años), y no solo ha continuado avanzando en el nivel del instrumento, para así postular, una vez terminada su etapa escolar, al ciclo universitario; sino que también ha sido partícipe de instancias profesionales como la Orquesta de Cámara del Teatro Municipal de Santiago, a la cual ingresó en 2018.

En septiembre, Camila fue ganadora de la «Convocatoria Jóvenes Talentos 2019», organizada por la orquesta de cámara Solístico de Santiago, agrupación integrada por músicos de la Orquesta Filarmónica de Santiago. Este premio se suma a los recibidos por otros dos estudiantes pertenecientes a los cursos superiores del IMUC, Tom Bañados y Erick Marroquín, quienes también fueron galardonados por Solístico de Santiago, pero en la «Convocatoria de Composición 2019».

Camila no es la única estudiante del Ciclo Elemental que ha sido reconocida este año, también lo han sido Amanda Naranjo (15) y Moisés Yáñez (16), quienes fueron ganadores en la séptima versión del concurso de piano «Toca el Cielo 2019», a mediados de octubre. Amanda obtuvo el primer lugar del segundo nivel, que comprende a pianistas de entre 13 y 16 años, gracias a su interpretación de Feux d'artifice del compositor francés Claude Debussy. Mientras que Moisés fue premiado por la mejor interpretación de la obra chilena «JANO», de Christian Donoso, escrita especialmente para este concurso.

Sin embargo, Camila, Amanda y Moisés no solo comparten estas victorias o la sala de clases donde aprenden teoría musical, también comparten una historia de disciplina en la que han sido constantemente puestos a prueba en audiciones y concursos, como les sucedió al postular al mismo Ciclo Elemental UC. Todos quienes desean ingresar a este programa, deben pasar por una Prueba Especial que evalúa tanto las aptitudes del postulante, como sus habilidades con un instrumento. La evaluación es realizada por una comisión de intérpretes que evaluará al estudiante en relación con su edad y competencias.

Por otra parte, los niños y niñas de educación básica que ingresan al Ciclo Elemental sin ningún conocimiento previo, pueden comenzar sus estudios musicales de piano o violín desde cero, con los cursos de preparatoria. Si los postulantes son más grandes (con 14 años), estos pueden optar por aprender guitarra, canto, contrabajo, cello y otros instrumentos que requieran un cuerpo más grande, o cuerdas vocales más desarrolladas en el caso de los cantantes.

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Risas y disciplina

Tras pasar un año experimentando y sacando algunos valses de Chopin a oído en el piano de su abuela, los padres de Moisés decidieron regalarle su primer piano, y ya con nueve años, Moisés empezó a tener clases particulares, ingresando al año siguiente al Ciclo Elemental. “Gracias a mi abuela que me llevaba a conciertos, ubicaba de antes a algunos profesores del IMUC como Liza Chung y Mario Alarcón, aunque no sabía cómo iban a enseñar”, explica Moisés.

La primera profesora de Moisés fue la pianista Constanza Rosas, quien, como todos los profesores del Ciclo Elemental, también realiza clases en los cursos superiores, característica que permite la continuidad de estudio una vez que los estudiantes deseen integrarse a la universidad propiamente tal.“Tuve la fortuna de quedar con la profesora Constanza, quien me enseñó que la rigidez y la disciplina no van de la mano con la mala onda. Pueden haber clases con risas y súper dinámicas, pero cuando hay que aprender se tiene que cumplir (...), se puede estar practicando la disciplina, que es muy agotadora y que requiere mucho estudio, pero eso no tiene nada que ver con estar en un ambiente tenso como en una escuela militar o algo así”, puntualiza Moisés sobre su experiencia.

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Asimismo, Amanda cuenta que su relación con los profesores y demás estudiantes del Ciclo Elemental ha sido muy agradable. Según la estudiante de piano, uno puede entablar relaciones de compañerismo con los demás miembros del ciclo, pero es algo que suele darse más en los grupos de estudiantes durante las clases de teoría. “Los profesores son estrictos, obviamente, pero aun así son amigables y no he tenido ningún tipo de conflicto (...), aquí me siento cómoda. Es más fácil llevarse con la gente que hay acá, que con gente con la que uno no comparte cosas en común”, afirma la estudiante.

Amanda ingresó al Ciclo Elemental por recomendación de su primera maestra, con quien había tomado clases desde los siete años. “Ella me dijo que si yo quería continuar con el piano poco servía que me siguiese haciendo clases particulares, porque están los ramos de teoría, armonía y teclado, que son necesarios”, explica la joven pianista sobre el por qué decidió, junto a sus padres, ingresar al programa cuando tenía once años.

En el caso de Camila, entrar al Ciclo Elemental a tan temprana edad ha significado que los profesores del Instituto de Música puedan dar cuenta del crecimiento musical y personal de ella. Hasta hace poco, comenta Camila, ella no se relacionaba tanto con los profesores de las cátedras. Era más chica, más tímida, y no se acercaba mucho a ellos por temor, pero cuando se le fue quitando la timidez ya no tuvo problemas en preguntarles cosas si fuese necesario.

Específicamente, en cuanto a su profesor de violín, David Núñez, Camila comenta que “la relación es más horizontal que vertical. Es muy comprensible con todo. En términos musicales y de estudio es estricto y riguroso igual, pero no deja de ser comprensible. Si un día estoy enferma y no estoy tocando bien, él no se va a enojar”, explica. Junto con su actual maestro de violín, la joven también destaca al profesor Jean Pierre Karich, quien se ha desempeñado como profesor de la mayoría de los ramos teóricos que ha tenido Camila: “Su vocación es muy considerable. Hay veces en que nadie puede ir a clases, y él va igual por si alguien llega a aparecer. Siempre está muy dispuesto a ayudar, explicar, y es muy generoso con sus conocimientos generales y de armonía”.

Preparando a artistas de alto rendimiento

Terminando la enseñanza básica, Amanda trató de conciliar las horas curriculares del colegio, las clases en el Ciclo Elemental y su participación en los concursos de piano tanto como pudo. Sin embargo, luego obtener el primer lugar en la categoría de primer nivel (hasta los 13 años) del concurso «Toca el Cielo» (2017), la estudiante se vio incapaz de mantener el mismo rendimiento y continuar con todos sus estudios a la vez, por lo que, eventualmente, sus padres decidieron retirarla del colegio para dedicarse de pleno al aprendizaje musical.

Fue entonces que Amanda ingresó al Athletic Study Center de Las Condes, donde actualmente asiste bajo un horario más cómodo que le permite cumplir con lo exigido en el Ciclo Elemental, al mismo tiempo que cumplir con las exigencias del Ministerio de Educación. “Es un colegio para deportistas. Tenemos horarios de 8:30 a 11:30 de la mañana con todas las materias PSU, rendimos exámenes libres y no exige más que eso. Es muy flexible con los estudiantes, ya que tienen deportistas que viajan mucho. También hay antecedentes de músicos como Paolo Bortolameolli (exalumno del Instituto de Música UC), por eso estoy ahí”, explica Amanda.

Tal como sucedió con Amanda, Camila también cursó su escolaridad casi por completo en el mismo establecimiento educacional; el Colegio Altamira de Peñalolén. Estando ahí, desde kinder hasta segundo medio, se le dieron facilidades para que estudiara violín todos los días. No obstante, al ingresar a la Orquesta de Cámara del Teatro Municipal de Santiago, Camila continuó con clases en línea y rindiendo exámenes libres.

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“Yo estaba con nervios por no poder encajar o de que fuera todo serio, pero descubrí que hay todo un lado humano y de compañerismo. Fue un nuevo mundo, completamente distinto a cualquier cosa que había vivido. Conocer gente a la que de verdad que le apasiona estudiar acá, su instrumento y la música. En mi colegio no era raro compartir con niños que tocan instrumentos, pero acá la sincronía es mucho mayor. Juntarse con compañeros que tocan otros instrumentos y sacar cosas juntos es genial”, comenta Moisés, quien este año ingresó al mismo establecimiento donde se encuentra Amanda, de quien también es amigo y con quién comparte durante las clases en el Ciclo Elemental.

Pese al nivel de exigencia, Amanda, Camila y Moisés manifiestan su deseo expreso de continuar en el Instituto de Música UC y las razones son diversas. De acuerdo a Amanda, por la gran calidad de sus instalaciones y de los mismos instrumentos; pero también, para Camila, por el sueño de preparar una buena audición para estudiar fuera de Chile; o simplemente, en el sentir de Moisés, por una sed inagotable de conocimiento.

Para más información de la inscripción al Ciclo Elemental, ingresa aquí.

Créditos fotográficos: Misha Torres.