Abordar lo indefinible: apuntes sobre estudiar y editar la obra de Juan Luis Martínez

23 de abril de 2021


El difuso límite entre el arte y la poesía hacen que formatos como los libros de artista y libros objeto sean de gran interés para la academia. Sin embargo, cuando esos límites deben ser abordados desde áreas tan concretas como la Propiedad Intelectual, el panorama se complejiza. A continuación, a partir del libro Juan Luis Martínez, Poeta Apocalíptico se problematiza este tipo de obra como práctica interdisciplinaria y se abordan sus implicancias en el derecho de autor.

photo_camera Versión de La Nueva Novela editada por Galería D21, disponible en Naranja Editorial.

Por la singularidad de su manufactura, la obra literaria de Juan Luis Martínez ha significado un desafío para su reproducción. Un ejemplar de La Nueva Novela, por ejemplo, publicado originalmente en 1977 y reeditado en 1985 y 2016—, puede llegar a costar entre 80 mil y más de medio millón de pesos, dependiendo del año de su publicación y el estado en el que se encuentre. Este fue uno de los motivos por los que el lanzamiento de Juan Luis Martínez, Poeta Apocalíptico de Editorial UV, en agosto de 2019, causó gran expectación en la escena literaria. Dicha publicación no solo presentaba una rigurosa lectura filosófica de la obra de Martínez, a cargo del autor del libro, Jorge Polanco, sino que también, incluía una antología de los textos de Martínez y otras piezas que se hicieron facsimilarmente para esta edición. “Por fin un Juan Luis Martínez para los pobres”, escribía ese año el poeta Jonnathan Opazo Hernández en el diario La Tercera.

Sin embargo, Juan Luis Martínez, Poeta Apocalíptico alcanzó a circular solo un mes después de su lanzamiento y, oficialmente, solo se vendieron 200 ejemplares. Lo que en un principio fue explicado como una actualización de contrato por derechos de autor, más tarde trascendió como una demanda a la Universidad de Valparaíso por infracciones a la Ley de Propiedad Intelectual, y una querella contra los involucrados por infringir la misma ley: Cristián Warnken, director de Ediciones Universidad de Valparaíso; el editor Ernesto Pfeiffer; el diseñador Felipe Cabrera; y Jorge Polanco. Ambas acciones fueron iniciadas por la Fundación Juan Luis Martínez, entidad encargada de proteger los derechos de propiedad del autor.

De acuerdo con la demanda civil, en total fueron 89 obras las que se utilizaron sin autorización, entre ellas, dibujos, poemas, ilustraciones e imágenes. Además, se establece que la publicación de la Editorial UV realiza modificaciones sobre aquellas obras, «mutilando el enorme trabajo literario y plástico de Martínez». “Se alteraron y modificaron obras que no se entienden si no están dentro de un mismo texto”, consigna la demanda que, entre otros aspectos, reclama cambios de tipografía, de alineación del texto y del espacio que guardan las figuras entre sí.

Página de la demanda civil en la que se comparan ambas ediciones.

Esta imagen corresponde a una vista de El poeta como Superman en La Nueva Novela. A la izquierda se puede ver la versión original y a la derecha la versión del libro Juan Luis Martínez, Poeta Apocalíptico.

Aunque será la Justicia la que dirima sobre el uso no autorizado de este material, dadas las características de la obra de Juan Luis Martínez, desde el mundo académico han surgido dudas sobre cómo debería ser abordado el derecho de autor en las obras que fueron modificadas. ¿Cuál es la importancia de la tipografía, la alineación o los márgenes del texto al momento de reproducir un poema? 

Estudiando a Juan Luis Martínez: ¿arte o poesía?

«La autoría y los derechos son una gran paradoja en la situación contingente de la Fundación Juan Luis Martínez, porque son asuntos que el autor problematiza y atraviesan toda su producción», dice Juan Pablo Venegas, estudiante del Postgrado en Artes UC, que actualmente está estudiando su obra.

Desde el 2017 este artista se encuentra realizando una investigación doctoral, en que revisa textos críticos y académicos que se enfocan en algunos “objetos” -como los llama por el momento- para ver bajo qué categoría son analizados, si como poesía o artes visuales. Algunas de estos son Los Artefactos (1972), de Nicanor Parra; La Nueva Novela (1977) y La Poesía Chilena (1978), de Juan Luis Martínez; Purgatorio (1977) y Anteparaíso (1982), de Raúl Zurita. Obras rarísimas, que se componen de textos poéticos, fotografías, collages, objetos varios, e incluso cinco aviones que escribieron sobre el cielo de Nueva York.

«La Nueva Novela puede ser pensado como un collage de citas no referenciadas. Pero si bien se apropia de ese material, al mismo tiempo propone y modifica el sentido de estos mediante la relación que establece entre los fragmentos. Si alguien mal entendiera esto, podría demandar a Martínez por el uso de fragmentos sin declarar la fuente», explica Venegas, que llegó a la obra del autor por recomendación de la artista y docente Voluspa Jarpa, que al verlo experimentar con unos textos en presentaciones de Power Point que proyectaba en las paredes, le dijo que La Nueva Novela le podía servir como referencia para su trabajo artístico.

Juan Pablo Venegas estudiante del Postgrado en Artes UC, que actualmente está estudiando la obra de Juan Luis Martínez, Raúl Zurita y Nicanor Parra.

«El nombre era bien engañoso, porque suena como algo que se publicó recién. Entonces fui a la biblioteca esperando eso y cuando la vi me pareció que era algo completamente incomprensible. Me fascinó y me hizo pensar en la posibilidad del libro como un soporte en sí mismo», recuerda sobre ese primer acercamiento a la obra.

Preliminarmente, en la lectura de archivos sobre la obra de Martínez, Juan Pablo se ha encontrado con textos en que aparecen lecturas que van más allá de ubicar a las obras del autor de Villa Alemana como simples libros de poesía, ya que aparecen conceptos como libro objeto y libro de artista. “Me interesa ver el ecosistema que hay alrededor de estos objetos para detectar y ver el movimiento en el tiempo de la inscripción de estas obras, ya sea en las artes visuales o en la poesía”, explica el artista e investigador.

“Me interesa ver el ecosistema que hay alrededor de estos objetos para detectar y ver el movimiento en el tiempo de la inscripción de estas obras, ya sea en las artes visuales o en la poesía”, Juan Pablo Venegas.

Sobre la importancia de hacer esas preguntas a partir de la obra de Martínez, Alejandra Wolff, directora del Archivo Facultad de Artes UC y profesora guía de la tesis doctoral de Venegas, comenta que «desde que las vanguardias artísticas establecieron como norte las relaciones entre arte y vida, y ampliaron sus fronteras disciplinares, las relaciones entre literatura y artes visuales se volvieron el lugar para la experimentación y exploración de la poesía y de la visualidad».

En ese sentido, explica Wolff, la obra de Martínez «va en esa dirección», y agrega que «la pertinencia de esa pregunta, a mi juicio, es histórica. Ya que él constituye un referente de esa práctica interdisciplinaria que hoy se ha institucionalizado y que artistas visuales han desarrollado en lo que hoy llamamos libro de artista y, en literatura, poesía visual».

¿Qué es un libro de artista?

«Es un término complejo de definir», es lo primero que indica Sebastián Barrante, codirector de Naranja Editorial, que desde el año 2016 crea y publica libros de artista y ediciones de carácter experimental.

Pero pese a la volatilidad del concepto, desde su perspectiva como artista que experimenta con este formato, y también como investigador, Barrante indica que junto a Sebastián Arancibia (artista, investigador y codirector de Naranja Editorial) hicieron una lista que considera sus opiniones y algunas voces de encuentros entre teóricos. «El libro de artista puede surgir de la intersección entre el libro con diferentes disciplinas artísticas. Es por esto que pueden existir tantos tipos: algunos provienen de la poesía, otros de la fotografía, grabado, pintura, escultura, instalación e incluso otros que son expandidos y que se vinculan con la performance«, dicen en uno de los puntos.

Ahora, frente la interrogante de dónde situar a La Nueva Novela, los Sebastianes de Naranja, que tienen dicha obra (reeditada por Galería D21) en su catálogo de venta, ponen el acento en los destinatarios de la obra. «Se solicita que el lector sea activo en su acto de lectura, encontramos preguntas, instrucciones e incorporación de elementos no tradicionales que se integran en una narración no lineal, similar a la del hipertexto, en la que el lector activo puede hacer su lectura a modo de enciclopedia pero adicionando el llamado a la intervención del libro. A partir de esto, la relación que se genera entre la página, la narración/instrucción y el lector, produce una sinergia que solo puede ser asimilada desde/en el espacio del libro, y no desde otro medio artístico«, opinan desde la editorial.

Versión de La Nueva Novela editada por Galería D21, disponible en Naranja Editorial. Imagen cortesía de Naranja Editorial.

Derechos de autor en Juan Luis Martínez, Poeta Apocalíptico

Quienes estudian estos formatos de obra reconocen que existe un conflicto que puede ser de orden visual o textual, y una dificultad para lidiar con las normas específicas de la edición de texto o el trabajo con imágenes. El poeta y académico Felipe Cussen explica que “hay un problema estético y conceptual respecto a cuando se reproduce un texto, por ejemplo de un poema visual, de un libro que tiene características de diseño que son particulares o un libro objeto, etc. Respecto a esto, por decirlo de dos maneras, existen dos opciones: transcribir o  escanear”. 

Específicamente, sobre lo sucedido con el libro Juan Luis Martínez, Poeta Apocalíptico, Felipe Cussen cree que se ponen en tensión las distintas maneras de considerar un texto a partir de su contenido semántico o sus características formales, y en este caso en particular, a partir de sus características gráficas y visuales. De acuerdo con el académico, tanto La Poesía Chilena como La Nueva Novela están inscritos en el Registro de Propiedad Intelectual como libros, sin embargo, “una cosa es lo que diga la ley y otra qué entendemos por las cualidades específicas de una obra y cuando la reproducimos, en qué ponemos el énfasis”, explica. 

“A título personal creo que ante la posibilidad de simplemente escanear u ocupar un archivo pdf que mantiene exactamente las características del libro, es mejor privilegiar eso que una transcripción ¿Por qué? Porque cuando hablamos de Juan Luis Martínez hablamos de un autor que evidentemente está considerando el diseño, la tipografía, la distancia entre las distintas partes, como parte de su obra”, reflexiona Cussen.

La Nueva Novela es una obra paradigmática para la literatura chilena, sin embargo su alto costo de producción no ha permitido que la obra circule como otras obras contemporáneos. Y aunque la Fundación ha realizado esfuerzos para mejorar la difusión de la obra de Martínez, las propias políticas referidas al libro en Chile lo encarecen.

Para Alita Martínez, hija del poeta y miembro del directorio de la Fundación J.L. Martínez, la Editorial UV se dio “el lujo de reeditar La Nueva Novela. De hacerla a su gusto. De redimensionar, descompaginar y descontextualizar la obra. Parece un collage. Si tú haces un collage y dices que la obra es de Jorge Polanco ya, bueno; incluso hay ley para eso. Pero lo que hay aquí es plagio. Tomaron la obra de alguien y la mutilaron”.

Sobre los motivos que los llevaron como fundación a tomar acciones legales en contra de la universidad y de los involucrados, Alita Martínez argumenta que todo es conversable en términos de edición y utilización de imágenes, pero no cuando el libro ya está impreso y publicado. Ellos hicieron el libro y esperaron hasta último minuto para pedir permiso. Trataron de hacernos firmar un contrato de edición después que ya estaba la escoba”. 

Desde el mundo literario, sin embargo, se ha cuestionado fuertemente cómo un autor puede terminar arriesgando tres años de cárcel y multas millonarias: de 12 mil UTM en el caso de la Universidad de Valparaíso; y de hasta 1000 UTM, en el caso de los querellados. En esta línea, destaca la carta de apoyo a Jorge Polanco firmada por más de 400 personas del medio cultural. En la misiva se acusa que las medidas y acciones impulsadas por la fundación contradicen la misión de promover el conocimiento y la lectura de Martínez. Y además, que ninguna disputa patrimonial o económica justifica la persecución penal de un escritor, cuyo trabajo se limitó a la escritura de un texto. “El problema no es en torno al texto de Jorge Polanco, sino que sobre la cantidad de obras de Juan Luis Martínez y las modificaciones que se han hecho de ellas. Yo creo que acá Jorge Polanco no tiene pito que tocar y me parece terrible e injusto que él esté involucrado en una cuestión que no le corresponde para nada”, sostiene Felipe Cussen.

Pero Alita Martínez no retrocede: “No me importa lo que hablen de mí por llevar esto a Tribunales de Justicia, porque es mi papá. Es el trabajo de mi papá. Él se demoró 20 años en construir su obra a partir de muchas obras y mucho estudio, él no hizo nada al azar. Yo no voy a permitir esto”. 

Al ser consultada sobre por qué fue necesario agregar una querella a la demanda civil en curso, Alita Martínez afirmó a Facultad de Artes UC que al tratarse de un delito, este debía ser abordado como tal. Esto ha abierto una discusión en la esfera pública acerca del anacronismo punitivito presente en la Ley de Propiedad Intelectual, y también, acerca de cómo funciona esta ley cuando se enfrentan el derecho de los propios artistas y herederos, con la posibilidad de ampliar los horizontes de acceso a una obra tan paradigmática como lo es la de Juan Luis Martínez.

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