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Activismo sonoro latinoamericano: la investigación y la práctica de los artistas Juan Carlos Vásquez y Omar Fraire

27 de julio de 2021


Estos compositores y artistas de Colombia y México presentarán un paper sobre diversas expresiones de arte sonoro en dichos países durante la Conferencia Internacional de Música con Computadores 2021, este jueves 29 de julio. Como adelanto de su ponencia, comparten aquí sus innovadores proyectos electroacústicos que se basan en la memoria sudamericana de la Operación Cóndor y en la reinvención de un instrumento musical en peligro de extinción a través del tecnochamanismo.

photo_camera Experimentación musical con el chapareke hidrocálido en Barranca del Cobre, en Chihuahua, México.

Mientras Juan Carlos Vásquez (Cali, 1986) -batería de la banda de black metal industrial Legacy of fire- viajaba por sudamérica el año 2009 y conversaba con las personas que conocía durante su paso por Ecuador, Perú, Bolivia, Argentina y Chile, se sorprendió con las similitudes entre los problemas políticos y sociales de esos países. Así que al regresar a Colombia, comenzó a preguntarse qué había en común entre todos esos relatos.

"Cuando vuelvo de esa gira y empiezo a investigar un poco más, me entero del Plan Cóndor, que es un punto en la historia en que el destino de América Latina estuvo en las manos de las dictaduras militares para alejarse de todas las ideas asociadas al comunismo", dice Vásquez sobre esta red secreta de represión y terrorismo de Estado formada por los servicios de seguridad del cono sur en la década de 1970, que fue asesorada activamente por la Central de Inteligencia Americana (CIA) de Estados Unidos, y liderada por Manuel Contreras y Augusto Pinochet desde Chile.

Juan Carlos Vásquez, músico, compositor e investigador colombiano que participa de la ICMC 2021.

Máquina M

Con ese antecedente, el compositor colombiano se dedicó a pesquisar distintos audios que dieran cuenta sobre esta macabra coordinación regional sin saber muy bien qué hacer. Hasta que el año 2011 en la P. Universidad Javierana, en Bogotá, postuló para explorar ese material de archivo con nuevas tecnologías.

"Quería hacer una obra de arte, pero que también reflejara los temas de memoria que son los que conectan toda nuestra historia", dice Juan Carlos Vásquez

"Quería reaccionar frente a los problemas de la distribución de ingresos en Latinoamérica y los niveles de corrupción de los países. Y para eso quería hacer una obra de arte, pero que también reflejara los temas de memoria que son los que conectan toda nuestra historia", explica Juan Carlos desde Helsinki, Finlandia, donde se encuentra escribiendo su disertación doctoral del programa de Composición y Tecnologías por Computador de la Universidad de Virginia.

Máquina M, instalación sonora del artista Juan Carlos Vásquez.

Así surgió Máquina M. Una gran instalación electroacústica de cinco módulos con luces rojas, que en el interior de cada sección tenía tres potenciómetros y un botón para activar una grabación de sonido. Una pista diferente por cada módulo. Un módulo para cada país. El primero de los módulos contiene el último discurso de Salvador Allende, realizado mientras se realiza el Golpe de Estado de 1973 en Chile; en el segundo se escucha el testimonio del abogado Martín Almada, que descubre los archivos de la Operación o Plan Cóndor en Paraguay y los saca a la luz; y en el número tres se accede al testimonio de una persona que fue torturada en Argentina. En tanto el cuarto y quinto módulo representan la versión colombiana del plan, con grabaciones que documentan las violaciones a los derechos humanos cometidos al combatir las guerrillas durante el conflicto armado colombiano y la intervención de Estados Unidos.

"Con los potenciómetros se puede manipular la grabación, que se empieza a repetir tan compulsivamente que se vuelve un ruido que asumimos que es el fondo de nuestra historia. Entonces se vuelve una experiencia muy emocional para las personas de la audiencia, ya que son ellas quienes están reproduciendo y manipulando esa historia", detalla sobre esta obra que genera una compleja textura de posibilidades sonoras.

Tecnochamanismo mexicano

El dios Onorúame está triste porque ya nadie toca el chapareke. Esa fue la frase que usó Estrada Cancino -uno de los últimos rarámuri que sabía interpretar dicho instrumento- para explicar la "continua catástrofe en que se encuentra el planeta". El artista e investigador, Omar Fraire, que viajó a entrevistarlo al norte de México, cuenta que en la fase inicial del proyecto "nuestra investigación era bastante onírica, con muchos elementos que se salían de lo académico".

El músico Omar Fraire tocando el chapareke hidrocálido. Cortesía Museo Guggenheim Aguascalientes.

Fraire, junto a Rolando López del Museo Guggenheim Aguascalientes (institución que también es una pieza de arte y un colectivo de trabajo al mismo tiempo), estaban en la búsqueda de un curioso instrumento musical que habían leído que un lugareño de esa zona de México central tocaba en el relato Paseo Campestre, escrito por el periodista Jesús Fructuoso López en 1897. Misma época en que el comunicador denunció las pésimas condiciones laborales de los trabajadores de la industria minero-metalúrgica American Smelting And Refining Company (ASARCO), que la familia Guggenheim instaló en territorio mexicano.

Al conocer el origen del chapareke -que el pueblo originario de los rarámuri creaba a través de un ritual con tallos de la flor del maguey- y de entrevistar a los músicos/chamanes, los artistas e investigadores se cuestionaron cómo construir su propio instrumento proveniente del territorio de Aguascalientes.  "Nuestro chapareke hidrocálido está hecho de raíces porque el gobierno de la época, en 2014, taló un montón de árboles bajo esta idea de progreso de estar siempre alargando avenidas. Para nosotros es importante que tenga ese trasfondo, como una muestra de toda esa porquería que la modernidad y la conquista conllevan, y que sigue ocurriendo. De convertir al indígena en obrero", dice Fraire sobre este instrumento que, según los rarámuri, su dios les entregó para balancear la energía del universo. "No es solo para tocar, sino que es un dispositivo que de alguna manera mantiene el equilibrio entre los mundos", aclara el artista sonoro.

Detalle composición musical de Omar Fraire. Cortesía Museo Guggenheim Aguascalientes.

Sinergia Serendipia (que se puede escuchar aquí) fue la primera pieza que Omar Fraire compuso para interpretar en chapareke hidrocálido. Instrumento de cuerda, que se toca con los dedos y utiliza la boca del intérprete como caja de resonancia. "Los rarámuri lo afinan para que suene como un acorde mayor. Entonces lo tocas y todo lo que haces son melodías reducidas en registro, filtrando el sonido en la boca y que casi no se escuchan", explica el músico sobre este hecho que desde una mirada antropológica y decolonial, "da cuenta que el instrumento se toca para uno mismo, cuestionando así las nociones hegemónicas de ‘publico’ y la construcción de instrumentos a partir de su potencia acústica, que es una noción europea en toda la música de hoy".

Música ritual

"Muy pronto me di cuenta que lo más rico era, precisamente, lo que no podía terminar en una partitura, que es toda esta cuestión ritual que no obedece a las metodologías académicas que piden conceptos cerrados y resultados cuantificables", dice Omar Fraire

En una de las etapas de investigación, Omar también hizo un disco y llevó el chapareke a la Universidad de Wesleyan, justamente donde John Cage exploraba y promovía la música experimental y de otras culturas. Pero luego de ese acercamiento formal, en que Fraire cuenta que si bien era importante incluirlo en la musicología, confidencia que "muy pronto me di cuenta que lo más rico era, precisamente, lo que no podía terminar en una partitura, que es toda esta cuestión ritual que no obedece a las metodologías académicas que piden conceptos cerrados y resultados cuantificables, comprobables. Esto es una poética además de una metodología científica".

Los sonidos del chapareke hidrocálido, amplificados y procesados digitalmente, se unieron a la propuesta performática de la artista Pilar Ramos (también integrante del colectivo Museo Guggenheim Aguascalientes), que incluía marcas en el cuerpo, saliva y la tierra de las ruinas y cuevas abandonadas donde realizaban sus conciertos/rituales. "Esa fue la etapa de la investigación en la que llegamos más claramente a esta idea tecnochamánica, desde nuestra propia forma de entender el universo. Ya no era música, sino que era parte de un suceso mucho más extraño y complejo que cuestiona nuestras raíces y la tierra de esta sociedad contemporánea del capitalismo de mercado desregulado", reflexiona.

Concierto/ritual de chapareke hidrocálido en una cueva durante el solsticio de inverno. Cortesía Museo Guggenheim Aguascalientes.

Presentación en ICMC 2021

Este jueves, a las 9:00 am de Chile (1:00 pm UTC), se realizará la Paper Session n° 16 History an Acoustic Ecology, en el marco de la Conferencia Internacional de Música con Computadores 2021. En dicha instancia, los músicos y compositores presentarán su investigación Current Activism Trends in Sound Art and Electroacoustic Music in Mexico and Colombia.

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