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Conmemoración de la emancipación, las diferencias y las luchas

12 de marzo de 2021


En la Bienvenida Novata de la Facultad de Artes UC, realizada virtualmente el pasado miércoles 10 de marzo de 2021, la académica de la Escuela de Arte y directora del Archivo de la Facultad de Artes, Alejandra Wolff, compartió una reflexión en relación con la conmemoración del Día Internacional de la Mujer que, en sus palabras: "se trata de celebrar aquello que me gustaría llamar la Semana de la emancipación, la celebración de las diferencias y la conmemoración de las luchas que muches hemos sostenido a lo largo de nuestra historia por participar del mundo, de la sociedad, de la vida pública y de la política".
Directora del Archivo de la Facultad de Artes UC

Estimades estudiantes, profesores, trabajadores y autoridades;
Bienvenides:

Antes que nada, quisiera agradecer la invitación a participar de este encuentro que claramente se lo debemos a ustedes que quieren formar parte del mundo de las artes. Se me ha convocado además con motivo de la semana en la que celebramos las voces femeninas, y por qué no también incluir en dicho reconocimiento a las comunidades disidentes, LGTBI. Se trata de celebrar aquello que me gustaría llamar la Semana de la emancipación, la celebración de las diferencias y la conmemoración de las luchas que muches hemos sostenido a lo largo de nuestra historia por participar del mundo, de la sociedad, de la vida pública y de la política.

Decía Germaine Greer, una feminista radical australiana de los años setenta, que “lo personal es político” (1) y ¿qué es más personal y político que el arte? Las voces de les artistas constituyen el espacio simbólico que visibiliza nuestras experiencias subjetivas y corporales, nuestras imágenes e imaginarios, nuestras palabras y textos, nuestros movimientos y acciones, nuestros sonidos y escuchas, todo aquello que reverbera en la atmosfera de nuestras experiencias, nuestras memorias, historias, realidades y presentes y por supuesto nuestras promesas y futuros.

En una semana como esta, en la que conmemoramos la lucha de las mujeres trabajadoras por su autonomía y participación en el espacio público, darles la bienvenida también implica agradecer de nuestra parte, el desafío de enfrentar juntos las distancias (tanto las generacionales como las de género, clase y etnia), así como cultivar y atesorar la humanidad que hay en nuestras diferencias. El Arte las enriquece, las visibiliza y las comparte; nuestras prácticas nunca han respondido a los márgenes de los prejuicios. La libertad, no constituye para nosotres, un eslogan publicitario, sino más bien, se trata de una cuestión ética. Confieso que me gustaría decir que estamos exentes de los prejuicios, de las inequidades de un sistema que por decir algo, paga menos por obra hecha por mujeres que por hombres, pero no es la realidad. Efectivamente las mujeres en general y las artistas en particular, ganamos menos. Y así, como no hay vanguardia que no piense en el futuro sino como forma de desmantelar las viejas estructuras, les quiero invitar a participar de nuestras memorias, la tradición y la historia ya que siempre están en emparentadas con la revolución.

En el año 1971, la historiadora y crítica del arte norteamericana, Linda Nochlin, se preguntaba por la presencia de las mujeres en el Arte, un arte con mayúscula, el que aparece en las enciclopedias, el que se enseña en las aulas de la Academia, el que se lee para los exámenes y se discute en los círculos de la crítica y por supuesto el que se colecciona y circula en las esferas de las inversiones especulativas de la bolsa y las ferias de arte. Su pregunta era, por supuesto, capciosa. Una interrogante que llevaba dentro sí, una desgraciada sentencia: la de que las mujeres no existíamos y qué decir de aquellas voces que no participaban del binarismo hombre-mujer.

A unos días de la conmemoración oficial del Día Internacional de la mujer, quienes formamos parte del mundo de la cultura y las artes sabemos, más allá de nuestro interés personal, que la cultura es aquel conjunto de prácticas que dan sentido a nuestras vidas, a nuestro futuro, constituye la forma en que entendemos nuestro ambiente humano, natural y fabricado. Sin embargo, es también un valor colectivo y cívico, que nos permite construir nuestra identidad y que es además un derecho que ha de ser garantizado. En palabras de Farida Shaheed, feminista y relatora especial en las Naciones Unidas en Derechos Culturales, “la cultura encarna nuestra humanidad colectiva, con todas sus fragilidades e imperfecciones, genios creativos y sombras, nuestra búsqueda del conocimiento, la innovación y el placer” (2).

"Es preciso atender y desmantelar las formas y prácticas que tienden a naturalizar y homogenizar nuestras diferencias. La Cultura como campo siempre en disputa, es un espacio de negociación y de constante transformación, no siempre enriquecedora y por ello es también, en su contra cara, la causa de las desigualdades".

Si el género es una construcción cultural, entonces quienes trabajamos en el campo de la cultura, debiéramos estar atentos a las formas, prácticas, modelos y mandatos socializados que participan en su edificación. Así como la categoría de género es relevante a la hora de asignarnos un lugar en la comunidad, la clase y la raza también forman parte de nuestra identidad. Por ello, es preciso atender y desmantelar las formas y prácticas que tienden a naturalizar y homogenizar nuestras diferencias. La Cultura como campo siempre en disputa, es un espacio de negociación y de constante transformación, no siempre enriquecedora y por ello es también, en su contra cara, la causa de las desigualdades.

Para ningune de nosotres es una sorpresa reconocer que hay voces que han sido silenciadas por la historia dominante; las hegemonías se hallan por doquier. Si no, no serían tales, sin embargo, esta es la invitación y también el desafío. Las artes, les artistes y todo el campo cultural que la conforma, tenemos la misión de desmantelar aquellos sistemas que perpetúan las violencias sobre las diferencias. Debemos celebrar y prevalecer la heterogeneidad que nos constituye, la vitalidad de nuestros cuerpos en tránsito, la capacidad de adaptarnos, de construir el mundo que nos rodea, alimentar las identidades que nos representan y desmantelar las violencias que nos encasillan. Estudiar arte es un desafío, al mismo tiempo que una responsabilidad. Nada tiene ver con la genialidad de les autores, ni con la pura celebración de la interioridad individual; hacer, practicar, decir y pensar el arte implica reconocernos en nuestras vulnerabilidades, acordar espacios en común, hacer de las voces individuales, los relatos colectivos, reconocernos en lo que nos aterra de nuestras diferencias y en lo que nos reúne; hacer de nuestro presente un lugar para todas las identidades, cuerpas y cuerpos posibles. Acaso también, promover una cultura del género, que nos permita desmantelar los prejuicios y valoraciones negativas que estigmatizan algunes identidades como peligrosas o nocivas, de tal modo que les sujetes puedan libremente elaborar sus propias subjetividades y corporalidades. No se trata de una “cuestión de mujeres”, sino de una “lucha vital”, donde fluyan les cuerpos de todes.

Ustedes hoy tienen la palabra, las imágenes, el escenario y la sonoridad, así que aprópiense del presente e imaginen nuestros futuros.
Esa es la invitación. Bienvenides otra vez y…

Muchas gracias.
Alejandra Wolff
2021, Facultad de Artes

(1) Germaine Greer, enfatiza esta idea en su texto La Mujer Completa publicado en 1996. La versión española es: La Mujer completa, 2000, Editorial Kairós, Barcelona.
(2) Shaheed, F (2014) Reflexiones sobre Cultura, Desarrollo Sostenible y Derechos Culturales.  En http://agenda21culture.net/sites/default/files/files/pages/award-pages/art_FS2_SPA.pdf

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