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Aplicar el teatro en la sociedad: las experiencias de Anna Castel, Paola Abatte y Catalina de la Parra

1 de julio de 2021


Estas actrices, dramaturgas, directoras teatrales e investigadoras, han desarrollado estudios de teatro aplicado en diversos temas, como la formación de actrices y actores con diversidad funcional; la creación de espacios seguros para que niñas, niños y adolescentes exploren sus sentimientos; y aplicaciones de la teatroterapia en pacientes psiquiátricos con objetivos psicoterapéuticos. Aquí cuentan sus procesos teóricos y en terreno.

photo_camera Uno de los talleres realizados por Anna Castel.

A la actriz y licenciada en Letras hispánicas, Anna Castel (1992, México), mientras trabajaba el año 2013 como editora de la revista de la discapacidad de Guadalajara Levántate Hoy, se le ocurrió que el evento que organizaba la institución todos los años para exponer sus problemáticas y avances, fuera en esa ocasión un montaje teatral. Pero no uno cualquiera, sino que propuso hacer una obra de teatro a gran escala con siete actores y actrices con diversidad funcional.

"El director de la revista aceptó y así nació el primer proyecto teatral que hice como directora y dramaturga", dice Anna -desde México- sobre Hefesto. Obra en que, agrega: "Había todo un juego a propósito de la discriminación que había sufrido este dios griego y que yo lo apliqué en base a unas nociones del teatro del oprimido y un poquito de teatro documental al trabajar con los actores y actrices".

Anna Castel, Magíster en Artes UC, mención Estudios y Prácticas Teatrales.

Además de la buena recepción del montaje, a la dramaturga le sorprendió el interés que generaba el teatro en personas con discapacidad funcional. Pero lamentablemente no había ningún espacio para que recibieran una formación profesional. "Yo soy una mujer epiléptica, entonces empecé a posicionarme desde ahí y me parecía muy extraño que en el teatro no hubiera obras con actores y actrices con diversidad funcional. Mi principal preocupación es que históricamente he tenido que posicionarme como una actriz otra, que tiene que estar exigiendo ciertas condiciones -como el tipo de luces y la reducción de las jornadas de ensayo- para no convulsionar, en un mundo y en un teatro donde se nos exige nunca cansarnos, ser perfectas y, por supuesto, no tener ninguna clase de diversidad", reflexiona Castel.

Hacia una poética de la otredad

En la búsqueda de espacios para poder explorar y estudiar sobre la formación de estos actores y actrices, Anna Castel se puso a trabajar con las personas que se inscribían en los talleres del Instituto Cultural de Asistencia Social, en Guadalajara. Mismo periodo en que comenzó a generar redes de intercambio en Chile, específicamente en la U. de Valparaíso, donde realizó un workshop de un semestre de trabajo con actrices y actores con diversidad funcional. Luego postuló al Magíster en Artes, mención Estudios y Prácticas Teatrales, y se quedó estudiando dos años en la UC.

Las y los participantes de uno de los talleres dirigidos por Anna Castel.

"Mi propuesta de investigación era hacer una obra con la población sorda de Chile. Pero por un posicionamiento ético y político no me pareció que una persona oyente como yo fuera la primera que pone en escena una obra así. Porque se establecía, otra vez más, una jerarquía de un cuerpo auditivo sobre esta comunidad", explica Anna.

Así que en medio de esas reflexiones, se le ocurrió partir su proyecto en el magíster con las herramientas que ya tenía, y desde ahí comenzar a trabajar para proporcionar talleres profesionalizantes de teatro, para sistematizar la experiencia de entrenar con actores y actrices con diversidad funcional. Para eso, en 2019 obtuvo un Fondart de formación con la compañía Otro Cuerpo y, junto al equipo de co-facilitadores integrado por Nathalia Mardones, Valeria Vejar, Constanza Garrido, Cristóbal Cisternas y Andrés Barrera, hizo más de 250 horas de ejercicios con personas de distintas agrupaciones en Valparaíso y Santiago. Como el Centro de Ministerio Presbiteriano, fundación que ofrece capacitación a las personas ciegas y a sus familias, la Corporación de Sordos de Valparaíso, y en Paso a Paso, espacio que trabaja con personas con diversidades múltiples, pero sobre todo intelectual y mental, entre otros.

"Diseñé un modelo para generar un training que sea como la antesala de trabajar en teatro, para hacer obviamente trabajo de actuación, de cuerpo y de voz, en el caso de las personas que puedan hacerlo. Todo desde un enfoque pedagógico que le hace la pelea al concepto del cuerpo dado: que es el cuerpo que asumimos que el resto debe tener, que tristemente llamamos el cuerpo normativo o normal", puntualiza.

Anna Castel realizando el ejercicio de lanzar el bastón durante un taller.

"Esta tesis también iba de eso, de hacerle una pelea al término de 'teatro aplicado', porque es muy violento decirle a una actriz que no hace teatro de verdad porque es una persona sorda", dice Anna Castel

Su tesis, Hacia una poética de la otredad. Modelo de training para actores y actrices con diversidad funcional, visual y auditiva, es el resultado de un proceso que contempla a dichos actores y actrices como co-investigadores. Siempre enfocado en el plano artístico y no como ejercicios de rehabilitación. Ya que, según la investigadora, "en la compañía Otro Cuerpo hemos ganado fondos de creación y montamos obras con la misma potencia, rigurosidad y, quiero creer, calidad, que cualquier agrupación con cualquier clase de corporalidad. Esta tesis también iba de eso, de hacerle una pelea al término de 'teatro aplicado', porque es muy violento decirle a una actriz que no hace teatro de verdad porque es una persona sorda".

Actualmente Anna Castel se encuentra realizando con su compañía el primer catastro de creadoras y creadores con diversidad funcional y comunidad sorda en Chile (proyecto Fondart 2021). Investigación mediante entrevistas que hace junto a Andrés Aparicio, Doctor en Artes UC, y que esperan publicar en diciembre de este año.

Espacios seguros para explorar las emociones

"Toda mi vida he tenido una pata en cada lado", responde rápidamente Paola Abatte para explicar su tránsito entre la psicología y el teatro. Esta Doctora en Artes de la UC, mención Estudios y Prácticas Teatrales, cuenta que desde la infancia comenzó a recibir una educación artística. Primero en la música, como estudiante de piano en el Conservatorio del Instituto de Música de la PUCV, y luego en la adolescencia con diversas incursiones en la danza y en la poesía. Posteriormente, cursó la carrera de Psicología en la U. de Chile, pero nunca dejó de lado sus inquietudes artísticas, hasta que finalmente ingresó a estudiar teatro en La Mancha, Escuela Internacional del Gesto y la Imagen.

Paola Abatte, Magíster y Doctorado en Artes UC, mención Estudios y Prácticas Teatrales.

"Ahí empezó una carrera un poco a doble banda", dice Paola, ya que durante sus primeros años como psicóloga había incursionado en lo comunitario y educacional, en temas de afectividad y sexualidad principalmente; y en paralelo, hasta bien avanzada la década del 2010, tuvo un intenso ejercicio con la compañía La Matiné. Colectivo dedicado al teatro de muñecos, sombras y máscaras de corte infantil y familiar, con el que tuvo giras por diversos escenarios, desde teatros y eventos nacionales e internacionales, hasta experiencias comunitarias como actuar en islas lejanas del archipiélago de Chiloé, frente a audiencias que nunca habían visto teatro. "Desde esas mismas prácticas me fui dando cuenta que a través del ejercicio de las artes podíamos lograr muchísimas cosas que la misma psicología, con sus métodos básicamente verbales, se demoraba o le era más dificultoso lograr. Entonces eso hace que yo empiece a fusionar estos dos caminos", recuerda sobre ese periodo.

Protagonizando el conflicto

Con la intención de profundizar en estas inquietudes, Abatte ingresó al Magíster en Artes y comenzó articular los primeros modelos que surgen de su investigación en torno a teatro aplicado.

"[...] estas cuestiones emergieron desde la riqueza de un caos total. Donde yo proponía herramientas poco ortodoxas, como el desplazamiento de la agresión de lo real a lo performativo, con lo cual disminuía la agresión real en el aula", dice Paola Abatte 

En su investigación Protagonizando el conflicto trabajó con niñas y niños de 3° y 5° básico de escuelas municipales de un contexto social de alta vulnerabilidad. "Pedí lo que nadie hace en los colegios: que me dieran los cursos más difíciles", indica, ya que necesitaba que su investigación forzara un poco los parámetros para poder llegar a las soluciones. "Entonces estas cuestiones emergieron desde la riqueza de un caos total. Donde yo proponía herramientas poco ortodoxas, como el desplazamiento de la agresión de lo real a lo performativo, con lo cual disminuía la agresión real en el aula», agrega.

Niñas y niños de enseñanza básica poniendo en práctica la metodología.

Las casitas de emociones

La mezcla entre artistas formados en la academia, junto a niñas y niños (en calidad de co-investigadores/as), era un método que Paola Abatte quería seguir probando en sus investigaciones. Así que el 2016 ingresó al Doctorado en Artes, y en la modalidad de práctica artística como investigación (PaR), comenzó su investigación sobre las emociones desde el teatro inmersivo sensorial, lenguaje donde los límites y las distancias entre los performers y las audiencias quedan completamente desdibujados. "Aquí la espectadora y el espectador asumen roles de protagonistas de un viaje que afecta completamente su propia acción poética y la propia narrativa de las historias. Entonces empiezo a investigar cómo esto es aplicable a la exploración de las emociones, particularmente en niñas, niños y adolescentes, que son personas que están en transición, cursando cambios importantes de los que muchas veces no se vuelve", detalla.

La creación de espacios seguros para explorar libremente las emociones, ha sido una de las constantes en la carrera de esta investigadora. Ya que, en su experiencia: "Para les niñes tenemos una casa con normas y con poca capacidad de contención, al igual que en la escuela. Y los barrios, sobre todo en los sectores más vulnerables, son espacios generadores de miedo, ansiedad y angustia. Entonces, como no hay un lugar donde les niñes puedan explorar sus emociones a salvo, las artes entregan la oportunidad de hacerlo».

La rabia, el suicidio, la violencia, la tristeza y el bullying, eran algunas de las emociones y escenificaciones que más se repetían en los Laboratorios de Emociones Inmersivas que Paola realizó desde el 2018, con estudiantes de básica del Liceo Miguel de Cervantes (establecimiento de la comuna de Santiago que recibe niñas y niños provenientes de familias migrantes). Ahí, con las y los estudiantes, hacían el ejercicio de constelar sus emociones. Un proceso que se inició con las niñas y niños expresando sus sentimientos en un mural, para finalizar con un recorrido teatral por sus emociones creados por ellos mismos. Para constelar emociones se utilizaban lenguajes afectivos y expresiones artísticas como representaciones gráficas, corporales, intervenciones en el espacio y dramatizaciones, que luego se convertían en las estaciones de un recorrido emocional. "El actor o la actriz empieza a ser un facilitador para la exploración de esa emoción", indica Abatte, que impulsaba el ejercicio con la pregunta: ¿Cómo puedo crear esta experiencia para otro?

Panel de constelación de emociones de las y los estudiantes.

Con la escuela como escenario, las y los estudiantes desarrollaban escenas que lograban transmitir las emociones emergentes del grupo en pasillos, escaleras, salas de clases y hasta en los baños del establecimiento. "Les llamábamos las casitas de emociones. Había unas casitas de ternura, donde te hacían masajes, te daban dulces, te cantaban y te arrullaban. Otras en que te sentías amenazada todo el tiempo o donde era todo súper triste sobre el tema de la muerte adolescente y el suicidio. También había mucho de la locura, que es algo que a les niñes les ronda mucho, ya que representar al loco o la loca te permite decir y hacer muchas cosas sin miedo al qué dirán".

Cada uno de estos laboratorios, de un semestre de duración, culminaba con una obra teatral, como El Juego de las Emociones (montada en Campus Oriente y en la Escuela Parque las Américas, de Pedro Aguirre Cerda) y Hainaa, la casa de las emociones (Liceo Miguel de Cervantes). Además, en su pasantía doctoral en el extranjero, Paola realizó algunos laboratorios con adultos, estudiantes del Máster en Applied Theatre, en The Royal Central School of Speech and Drama, de Londres, y con el elenco de la compañía Teatro de los Sentidos, en Barcelona.

A través de este género teatral, que Abatte llamó Teatro Inmersivo Sensorial Aplicado (TISA), comprobó mediante la práctica que "las emociones son complejas y que muchas veces el lenguaje no las puede contener. La investigación en emociones mezcladas fue un boom en les niñes, porque empezaron a sentirse tremendamente identificades con esta nueva constelación de emociones contradictorias, confusas y no articulables. Entonces hago una crítica bastante fuerte a la noción de emociones básicas, que tiende a universalizar y homogeneizar la experiencia de las emociones".

Hainaa, la casa de las emociones. Casa de alegría. Montaje realizado en Liceo Miguel de Cervantes.

En tanto, uno de los hallazgos que obtuvo en el campo específico del teatro aplicado, es justamente que el TISA, como síntesis de lenguajes afectivos, permite explorar, expresar, reconocer y experimentar los tránsitos de las emociones. "El problema es que la naturaleza fluida de las emociones se ve amenazada cuando éstas se estancan. Es como si fuera un río y le pones una represa: las aguas no fluyen y eso genera dificultades. Entonces lo que hacemos es estimular este flujo y abrir narrativas que permitan que las emociones tengan salidas. Salidas positivas, por supuesto, no la tragedia», reflexiona.

Teatro aplicado en clínicas psiquiátricas

En el caso de Catalina de la Parra (1981, Santiago), actriz, directora teatral y dramaturga, su interés comienza desde el teatro y luego se desplaza hacia la psicología. "Mientras me dedicaba a escribir obras que luego montaba (Vals, La Malamadre), buscando aprender más sobre la dirección de actores, empecé a meterme en el estudio del Modelo de Integración Cognitivo Corporal", indica.

Al estudiar en 2009 y 2010 con la neurobióloga Carmen Cordero, que fue discípula de Humberto Maturana, comenzó a aprender más sobre el trabajo de las emociones desde el cuerpo. Concretamente, este modelo, permite habitar las distintas emociones a través de la práctica corporal. "Fui dándome cuenta que este trabajo del cuerpo y las emociones era, no sólo una herramienta actoral, sino también un método terapéutico», dice Catalina.

Catalina de la Parra, Magíster y Doctorado en Artes UC, mención Prácticas y Estudios Teatrales.

Al finalizar su formación en Integración Cognitivo Corporal, De la Parra empezó a trabajar en terapia. Si bien hacía un tiempo que laboraba con una psicóloga en un grupo de niños a los que hacía terapia infantil: "Integrando herramientas del teatro en estas terapias grupales de niños y adolescentes", ejemplifica. Con sus nuevos conocimientos comenzó a ejercer derechamente como terapeuta corporal en una consulta formal. "Sentía que tenía estas dos cosas bien avanzadas. Mi trabajo de directora teatral se había desarrollado, también daba clases de dramaturgia y de teoría del teatro en distintas universidades; y por otro lado tenía esta otra práctica que era ser terapeuta. Así que sentí la necesidad de encontrar esos mundos", relata sobre ese momento en que decidió profesionalizarse en esta interdisciplina.

Teatroterapia con objetivos psicoterapéuticos

Catalina, que ya había cursado el Magíster en Artes, vía creación (obra Guataca), estaba buscando un programa en que pudiera combinar realmente la complejidad de ambas disciplinas. Así que el 2013 decidió postular al Doctorado en Artes, vía investigación, para responder cómo es que operaban los medios teatrales para conseguir los efectos terapéuticos. "Entré en el postgrado como diciendo: necesito entenderlo, pero también hacerlo. O más bien: necesito hacerlo para entenderlo», recuerda. 

Ese primer año de estudios teóricos lo realizó en Chile, y el 2014 se fue a Berlín a especializarse durante tres años como teatroterapeuta en el Instituto Alemán de Teatro Terapia (ITT). Luego, en las cercanías de la capital alemana hizo su práctica en terreno, en que acompañó como co-terapeuta investigadora a una drama terapeuta durante sus jornadas de trabajo en una clínica psiquiátrica de adultos. Durante dos meses asistió a reuniones con los/as doctores/as del establecimiento y fue observando cómo se aplicaba la teatroterapia en un contexto exclusivamente psiquiátrico. "Realmente iba más allá de un taller recreativo, era una terapia teatral con objetivos psicoterapéuticos para pacientes entre 20 y 60 años", aclara desde Alemania, donde vive actualmente.

Sin espectadores externos, en los distintos ejercicios que realizaban las personas, que eran principalmente de actuación, ellas podían entender y vivenciar otras formas de existir, otras formas de conducirse y de emocionarse distintas a su yo cotidiano. "Ocurre una práctica corporal donde hay otros que miran, que son los mismos pacientes, y que después comentan. Eso, por ejemplo, tenía una potencia terapéutica muy grande", dice. 

El teatro como terapeuta de la sociedad

Para el marco teórico de esta investigación doctoral De la Parra venía analizando teorías desde la psicología, principalmente, y luego continuó buscando en el teatro. Ahí surgió con fuerza el concepto de 'catarsis', específicamente desde la perspectiva que se propone en el libro Crisis y sanación: estéticas del efecto teatral, de Matthias Warstat, que fue su co-tutor de tesis. "Él hace un trabajo súper interesante porque dice que el teatro es, ya en su forma artística, un terapeuta de la sociedad. Que lo ha sido desde los griegos, pero que es especialmente claro en las vanguardias, cómo es que el teatro se ha hecho cargo de diagnosticar cuáles son las enfermedades de la sociedad, mostrarlas y además proponer caminos de sanación", explica.

Durante dos meses Catalina acompañó, en calidad de co-terapeuta investigadora, a una teatro terapeuta en sus jornadas de trabajo en una clínica psiquiátrica de adultos, cerca de la ciudad de Berlín.

En esa línea, Warstat proponía que se podría aventurar a igualar el concepto de catarsis con el efecto que provoca el teatro. Pero el cómo se provoca ese efecto, según indica, cambia de acuerdo a las teorías de cada periodo que definen qué es lo que hace el teatro. "Con esos diferentes significados de catarsis me fui a observar la práctica de estos pacientes. Y con eso describí cómo eran los efectos que yo observaba. Fue súper interesante porque si uno estudia los discursos estéticos teatrales, se da cuenta que la idea teatral de catarsis se diversifica, sumándose a la noción que normalmente tenemos de la catarsis como una descarga. Una noción que se inaugura con Breuer y Freud y que distintas corrientes psicológicas han ido reafirmando. Pero por ejemplo, en Hannah Arendt la catarsis es la reconciliación, y en Goethe la catarsis es el encuentro de los opuestos. Son distintos efectos, y cada uno de esos efectos o de esos gestos, también son planteados como efectos terapéuticos", enfatiza.

En su tesis Lo catártico en la práctica de la teatroterapia: un estudio sobre los efectos terapéuticos del teatro en un grupo de pacientes de salud mental, De la Parra responde con una descripción detallada de cada una de las formas en que el teatro hace sus efectos.

"[...] acá hay evidencia de los efectos terapéuticos en pacientes psiquiátricos, y por eso me parece fundamental comenzar a instalar la práctica teatroterapéutica en los contextos de salud mental. Pero además hay aquí hallazgos que les puede servir al mismo arte teatral contemporáneo", dice De la Parra

En cuanto a la relación del teatro en su forma artística, con el teatro aplicado, Catalina observa que por momentos el arte teatral pareciera mirar «por encima del hombro» a estas prácticas de teatro terapéutico o de teatro comunitario. Como si fueran una especie de género menor. «Pero si te fijas", confidencia, "muchas veces en una situación de terapia teatral ocurren fenómenos que pueden ser anhelados por el teatro contemporáneo, como por ejemplo la opción de intercambio entre actores y espectadores, o la posibilidad de actuar sin un libreto preestablecido y así permitir que ocurran acontecimientos imprevistos y muy significativos en escena».

—¿Cómo ves la recepción que tienen en el teatro y en la psicología estas investigaciones interdisciplinarias?

Es complejo, por un lado son investigaciones que proponen miradas únicas de lo que estudian, porque son perspectivas enriquecidas por dos o más disciplinas de estudio. Pero a la vez, son investigaciones que les cuesta ser consideradas como aportes significativos al conocimiento, porque las disciplinas que las componen no las reconocen como propias. En este caso, por ejemplo, ni la disciplina teatral ni la psicológica reconoce los hallazgos en teatroterapia como algo que le sea totalmente propio. Y, como te decía, acá hay evidencia de los efectos terapéuticos en pacientes psiquiátricos, y por eso me parece fundamental comenzar a instalar la práctica teatroterapéutica en los contextos de salud mental. Pero además hay aquí hallazgos que les puede servir al mismo arte teatral contemporáneo.

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