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Carolina Illanes realizó una instalación participativa con 250 ladrillos de papel en la Tate Modern

20 de marzo de 2022


Invitada al programa 2021-2022 de Latin Elephant Inhabiting Spaces, la artista y estudiante del Doctorado en Artes realizó dos talleres el 11 y 12 marzo en este importante museo de Inglaterra. Ahí, vinculó la investigación que realiza en el programa de Postgrado sobre la gentrificación en el barrio que habita en Santiago con la demolición de viviendas sociales de arquitectura brutalista en Londres.

photo_camera Workshop de Carolina Illanes en la Tate Modern. Londres, marzo de 2022. Joselyne Contreras ©.

La gentrificación es horrible acá dice Carolina Illanes (Santiago, 1981) desde el barrio Elephant and Castle, en el centro de Londres. "Acá aparecen personas que llaman 'desarrolladores', que son agentes de la industria inmobiliaria, y llegan a acuerdos con el council para derrumbar viviendas sociales y enviar a la gente a la periferia", detalla la artista sobre el proyecto de investigación y creación que realizó en la Tate Modern.

¿Por qué la longevidad de algunas construcciones y por qué la demolición de otras? comenzó a preguntarse al ver que los edificios de tipo brutalista, construidos en los años 70, eran destruidos por las autoridades locales a diferencia de otras construcciones de años anteriores, que eran celosamente conservadas. Así comenzó esta investigación que desarrolló en la capital inglesa durante su pasantía doctoral a fines de 2019, y por la que fue invitada, por la curadora e investigadora chilena Joselyne Contreras, a participar de Right to Inhabit con la realización de dos talleres que fueron parte de Inhabiting Spaces: programa público 2021-2022 de Latin Elephant.

Carolina Illanes, artista y estudiante del Doctorado en Artes UC, vía Práctica artística como investigación. Andrés Durán ©.

—A Londres traje una maleta llena de las cosas que he hecho en Santiago con la intención de observar conexiones y crear un puente entre estos dos casos de gentrificación— cuenta Illanes, que desde el 2017 se dedica a llevar un minucioso registro de las casas que se derrumban en un sector de Ñuñoa, donde vive hace 30 años. 

Ese trabajo en Chile consiste en encontrar los planos originales de las construcciones, que busca en el archivo de la oficina de la Dirección de obras municipales de la comuna, en los que luego hace un seguimiento a los cambios de las estructuras con el pasar de los años. También recopila las imágenes que Google Street View ha publicado del inmueble (el 2012 Google realizó el primer registro fotográfico de la ciudad de Santiago) y, cuando aparece una empresa de demolición y tira la casa abajo, Carolina escribe un obituario y lo publica en The Ñuñork Times.

Con este material, que son las evidencias que quedan cuando una casa es demolida en Chile, realizo traducciones. Es decir, llevo el lenguaje legal y arquitectónico hacia objetos y dispositivos artísticos. Para esto empleo un lenguaje gráfico y espacial que es propio de las artes visuales. Esto me permite traducir una información de carácter un tanto fría, en un objeto o puesta en escena que una persona participante o espectador/a pueda experimentar —reflexiona sobre este proyecto, que realiza en el marco del Doctorado en Artes (en la modalidad de Practice as Research-PaR) y del cual presentó algunas piezas en Tate.

Mesón con gran parte de los desplazamientos gráficos que Carolina Illanes hizo de los archivos de las viviendas que investiga en Ñuñoa y que los llevó para generar puentes entre estos dos casos de gentrificación. Joselyne Contreras ©.

Londres: La crítica estética como ataque político

Ya que no tenía la experiencia de vivir en el barrio Elephant and Castle, Carolina tuvo una serie de conversaciones con Chris Jones, activista del barrio que estuvo involucrado en la campaña que intentó salvar el Elephant and Castle Shopping Center, para comprender de mejor manera las historias de las personas que habían habitado el lugar. Jones, además, está a cargo del archivo 56A Infoshop, creado por la misma comunidad y que comenzó como una toma en dicho barrio. Allí consultó varios documentos, sobre todo los testimonios de residentes que no se querían mudar de Heygate Estate, complejo habitacional que comprendía 1.214 viviendas, las que fueron demolidas entre 2011 y 2014 como parte de la regeneración urbana de la ciudad.

"Cuando comencé a entender mejor que la condena estética tenía que ver con algo político de fondo, me dediqué a investigar el lenguaje que se empleaba en esta discusión"

Cuando remueves a alguien del lugar que habita estás cortando un tejido social que es súper rico y complejo. Cuando estuve acá hace dos años alcancé a conocer el centro comercial, donde se reunía mucha gente de Latinoamérica y de otros países, pero eso ya no está porque fue derribado el 2021. Incluso había una agencia de empleos, entonces se iba generando una red para que quienes llegaban a Londres tuviesen un grupo de gente guiando y acompañándolos en el proceso de adaptación. Mi investigación en Ñuñoa nace de una dimensión afectiva y eso para mí es bien importante, porque es un lugar que habito y desde ahí abordó la gentrificación que ocurre de determinada manera, pero en Londres es un proceso distinto de estudio.

Por otro lado, de manera más informal, en conversaciones casuales con habitantes de otros lugares de la capital inglesa, la artista visual recuerda que: "Se refirieron a estas construcciones como 'eyesores', término que usaban para indicar algo que les parecía desagradable a la vista y también les llamaron bloques con aires de Unión Soviética". Estas críticas le llamaron mucho la atención, pero no fue hasta que leyó un reportaje en en el diario The Guardian, en que entendió lo que podía estar detrás de esas sentencias. "Heygate debía ser atacado estéticamente porque era peligroso políticamente", decía el escritor Owen Hatherley en la publicación, respecto a la demolición de dicho complejo habitacional. "Ahí comencé a entender mejor que la condena estética tenía que ver con algo político de fondo, así que me dediqué a investigar el lenguaje que se empleaba en esta discusión", recuerda.

"Me parece que el habitar no está determinado por la propiedad privada, sino que es una cuestión que sobrepasa por mucho esos límites"

Una de las vías que la artista exploró para conocer este lenguaje, fue a través de una revisión de la correspondencia entre el council y los developers, en el archivo del Southwark Council. "Usan muchos eufemismos para referirse a cambios estructurales y terribles. Como 'decantar', que significa el acto de trasladar a las personas de un lugar a otro. Entonces usan el lenguaje para esconder estas cosas terribles que hacen contra un habitar orgánico, que es algo que también trabajo en la investigación, ya que me parece que el habitar no está determinado por la propiedad privada, sino que es una cuestión que sobrepasa por mucho esos límites", afirma. Otra de las vías que siguió en la investigación, fue la del acceso a los documentos que reunió el arquitecto e investigador chileno Felipe Lanuza, quien hizo su tesis doctoral acerca de Heygate Estate y que fue un gran apoyo en el proceso de la artista, porque él ya había registrado mucha información contenida en el Southwark Local History Library and Archive. 

Instalación hecha con 250 ladrillos de papel vegetal, que proyecta un departamento 36m² de un edificio de arquitectura brutalista londinense. Carolina Illanes ©.

Rethinking Inhabiting Spaces - Heygate Estate, Elephant and Castle

Para abrir su proceso de investigación y creación con las comunidades, Illanes realizó una instalación en la Tate Modern con ladrillos de papel vegetal. Primero diseñó un packaging que se podía convertir en ladrillo, luego mandó a hacer una matriz de troquelado con la que recortaron las 250 unidades y, finalmente, realizó el proceso de armado uno por uno, pegando las pestañas manualmente. 

"Esta reflexión no se da sólo en el diálogo, sino que se da a través de la materialidad, en el ejercicio de tocar, cambiar, disponer, construir y desarmar"

Los hice con las medidas del ladrillo de concreto, que es bastante más grande que el ladrillo fiscal chileno hecho de arcilla, ya que el concreto refiere a la arquitectura de estilo brutalista —detalla sobre estas figuras con las que proyectó un departamento (o los restos de él) de una planta de 36, que era utilizado como vivienda social para personas de la tercera edad, principalmente. La realización de este proyecto de instalación fue patrocinada por Galería Patricia Ready, Fondos Concursables 2020: Proyectos Estudiantiles de la Facultad de Artes y por el Arts Council England.

¿Cómo fue la experiencia de abrir esta investigación en los talleres que realizaste el 11 y 12 de marzo en Londres?

Fue genial, ya que las personas realmente engancharon con la experiencia. El taller comenzó con una presentación de mi investigación en Chile y los vínculos que hice con el caso de Heygate Estate y les hice varias preguntas a los participantes acerca de su habitar, muchos de ellos eran latinoamericanos que residen en Londres. Luego, en una mesa, estaban gran parte de los desplazamientos gráficos que hice de los archivos de las viviendas que investigo en Ñuñoa, donde continuó la conversación. Por último, el taller finalizaba en la elevación que realicé con los ladrillos de papel, invitándolos al ejercicio de apropiarse de la instalación en grupos. Considero el acto de "apropiación" como parte esencial del habitar, de esta manera deconstruyeron la planta de dicho departamento a voluntad, construyendo extensiones, nuevos compartimentos o armando elevaciones independientes. Eran como legos a escala humana. Luego, para el siguiente workshop, reconstruí la planta para que los participantes la intervinieran otra vez. Al terminar las sesiones aplastamos todos los ladrillos y los pusimos en bolsas de basura. El proceso de transformación ocurrido en esta experiencia de alguna manera emulaba la naturaleza transitoria y dinámica del habitar. La respuesta de quienes participaron fue bien impresionante, lo que para mí fue genial, ya que lo que uno arma es una especie de gatillador para que ellos vivan una experiencia y reflexión crítica en torno al habitar, cuestión que a veces no ocurre, pero que aquí sí ocurrió. Esta reflexión no se da sólo en el diálogo, sino que se da a través de la materialidad, en el ejercicio de tocar, cambiar, disponer, construir y desarmar.

Público de la Tate Modern moviendo los ladrillos que hizo la artista. Londres, marzo de 2022. Joselyne Contreras ©.

—¿Cuál crees que es el peligro político/estético de las viviendas sociales brutalistas?

El peligro es que son proyectos que fortalecen el sentido de comunidad. Son espacios que favorecen el intercambio humano, y por ende, la organización y la autonomía de grupos de personas que se ayudan entre sí. Creo que los proyectos habitacionales hoy en día, ya sea en Chile o en Londres, caminan en sentido contrario, donde los límites de la propiedad comienzan a actuar efectivamente como los límites del habitar: terrazas privadas, la domótica (conjunto de sistemas y tecnologías capaces de automatizar una vivienda), nuestros estilos de vida en que pasamos poco tiempo en nuestros hogares, etc., hacen que muchas veces no conozcamos a nuestros vecinos, e incluso, que no establezcamos lazos de apego con nuestro barrio. No digo que sea así siempre, pero sí creo que muchos de los nuevos proyectos habitacionales caminan en esa dirección. En el caso de Heygate Estate al parecer la principal razón de su demolición fue económica, ya que se situaba en una zona central de Londres, en lo que llaman una opportunity area, cuestión que fue antecedida por un fuerte proceso de estigmatización de esas viviendas y de ese tipo de política habitacional, lo que terminó por fragilizar su defensa ante la llegada de los 'desarrolladores'.

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