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Financiamiento y profesionalización del movimiento coral en Chile

6 de junio de 2023


La tradición coral en Chile es tan antigua como la formación misma del país. Cerca de 1830, comienzan las representaciones de las primeras óperas italianas y de ahí germinan distintos tipos de coros que ya hacia finales del siglo XIX y principios del XX, podían escucharse a lo largo de todo el país. Sin embargo, hasta el día de hoy, el tema del financiamiento es una gran piedra en el zapato para las distintas agrupaciones que existen y que deben estar siempre reinventándose para lograr recursos y alcanzar la profesionalización de los elencos.

El pasado 14 de mayo fue un día importante para la historia coral en Chile y para el proyecto Bach Santiago, coordinado por el académico Felipe Ramos Taky: se celebró la trigésima tercera versión del ciclo, llegando a las 100 cantatas de Johann Sebastian Bach. Además, se le rindió un tributo a Víctor Alarcón, el recordado profesor UC fallecido en 2018, que inició el movimiento que busca convertir a Santiago en la primera ciudad latinoamericana donde se interpretarán las 209 cantatas que se conservan del compositor alemán.

La primera semilla con que comenzó el movimiento coral en la Universidad se remonta a 1938, cuando la institución cumplió 50 años. En ese momento se le pidió al compositor chileno Juan Orrego Salas que hiciera un coro de estudiantes. Posteriormente, en la década de los 60, se funda el Instituto de Música y junto con él, emerge un grupo de estudiantes que se interesó en el canto en conjunto.

Así, el 6 de octubre de 1980 se realiza el primer ensayo del Coro de Cámara en la Universidad Católica, lo que fomentó la creación de cursos y coros masivos hasta que, en 1985, se funda el Coro de Estudiantes UC.

Hoy en día, 40 años después, en cada semestre hay 10 secciones dedicadas a este arte, cursos de coro, optativos de formación general, etc. “Hay una estructura bien grande y es bien impresionante que, al contarlo afuera, la gente se asombra”, explica el académico Felipe Ramos.

La proeza que inició por el ímpetu del maestro Víctor Alarcón en 2018, continuó a cargo del maestro Felipe Ramos, hasta la actualidad.

La realidad nacional

En Chile, existen decenas de coros, la mayoría gracias a donaciones, concursos públicos y apoyo de ciertas instituciones. Solo dos coros nacionales tienen a todos sus miembros con contrato, ellos son la Camerata Vocal de la Universidad de Chile y el Coro del Municipal de Santiago. Esto permite que sus integrantes puedan dedicarse 100 por ciento a esta actividad.

No obstante, esta realidad no ha sido un impedimento para la gran cantidad de voces que día a día se unen con dedicación por el proyecto común.

Un ejemplo de la dicotomía entre el buen nivel pero el poco financiamiento es el Coro de Cámara de Copiapó quienes este 23 y 29 de julio viajan al Certamen Internacional de Habaneras y Polifonías de Torrevieja, España. Con 70 años de tradición, a este concurso llegan coros de todo el mundo. “Este viaje fue posible gracias a un proyecto de la Gobernación regional al que tuvimos que postular. Sin eso, no habríamos podido ir”, comenta Rodrigo Tapia, director y fundador del Coro de Cámara de Copiapó, y agrega: “Nosotros no tenemos apoyo de ninguna institución directa, así que tenemos que generar nosotros los proyectos. Cuando tenemos que viajar a Santiago no queda otra opción que autogestionarse”.

Coro de Cámara de Copiapó

El profesor de música explica que muchos de sus integrantes deben excusarse por motivos laborales o de enfermedad, para asistir a ensayos, lo cual podría cambiar radicalmente si se pudiera pagar un sueldo.

“Por ejemplo, uno de los coristas es enfermero y me dice 'profe, no puedo ir hoy día porque me salió turno". Hay otra corista que es nutricionista y me dice 'si a mi me pagaran algo, podría dedicar un mediodía para trabajar exclusivamente por el coro y la formación de coristas', porque ella además estudió canto y es una tremenda cantante, pero lamentablemente no se puede. En esa realidad trabajamos", cuenta el músico.

Financiamiento

Además de las donaciones y las iniciativas de distintas agrupaciones está en Fondo de la Música que entrega anualmente el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio. Sin embargo, en una misma línea de formación compiten coros, orquestas y bandas. Esto complica las opciones de los coros, los cuales solo son seleccionados ocasionalmente.

La musicóloga Gladys Briceño es consejera de la Asociación Latinoamericana de Canto Coral en Chile (ALACC) y cree que, a pesar de las dificultades el futuro se ve bien encaminado. El propósito de esta organización es difundir la música coral en todo su aspecto, lo que significa gestión, formación, festivales, etc.

“Es necesario ir generando estos espacios para profesionalizar a los grupos. Yo siento que esto no tiene techo. Es como un eterno luchar para que el panorama vaya transformándose, pero soy positiva en el sentido que he visto cada vez  más grupos musicales, más coros", afirma Claudia Trujillo, corista en el Coro de Cámara UC por más de dos décadas.

Uno de los problemas es que el director coral no es reconocido como se debe, existe una tremenda diferencia respecto a las orquestas, por ejemplo. Los directores de coro ganan 100mil o 150 mil pesos, con ensayos al menos dos veces a la semana y con muchas presentaciones. Entonces hay un desequilibrio”, explica Gladys Briceño. A pesar de este panorama, ella tiene la convicción que todo mejorará debido al repunte que ha tenido esta actividad. Sobre todo gracias a la creación de carreras y especialidades de directores de coro en distintas instituciones.

Junto con esto, Gladys Briceño afirma que es importante dar a conocer la actividad coral, para que así existan más redes de apoyo. "Este año en ALACC se realizó el Tercer Congreso de Canto Coral con la finalidad de reunir a las personas que se dedican a escribir sobre coros en Chile", cuenta la musicóloga que, además, está actualmente realizando una tesis sobre la materia, dirigida por Alejandro Vera, académico del Instituto de Música UC.

Profesionalización

Claudia Trujillo es profesora de música en The Grange School donde es directora del coro y del departamento de música. Además, ella es parte del Coro de Cámara UC  desde hace más de 20 años.

Su visión es que el trabajo tiene que ser mancomunado entre instituciones y músicos. “Es necesario ir generando estos espacios para profesionalizar a los grupos. Yo siento que esto no tiene techo. Es como un eterno luchar para que el panorama vaya transformándose, pero soy positiva en el sentido que he visto  cada vez más grupos musicales, más coros. Hay que pensar en el prestigio o imagen corporativa que tienen, por ejemplo, las empresas con sus coros”.

Senior Choir The Grange School de la comuna de La Reina (Santiago). Fotografía proporcionada por Claudia Trujillo

Esta visión la comparte Felipe Ramos, quien explica que mientras más coros existan, más será la posibilidad de encontrar financiamiento y crear redes. “Yo me he ido convenciendo que la estructura nuestra es media piramidal. Creo que si el director se va formando cada vez más, puede entregar mucho más a su coro. Nosotros estamos haciendo ahora un diplomado para directores de coro al igual que la Universidad de Chile, por ejemplo. Esperamos prontamente pasar a tener un magíster y otras universidades están en lo mismo. Creo que vamos bien encaminados”.

Desde Copiapó, Rodrigo Tapia también agrega que es una cuestión de voluntades ya que la  actividad coral es bastante barata. “Mi sueño es tener un coro en cada región y que los sueldos de los músicos sean adecuados. Así ellos podrían subsistir y fomentar esta actividad”.

 

 

 

 

 

 

 

 

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