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Francisco Krebs dirige "Arrau, el otoño del emperador" en el Teatro Municipal de Santiago

5 de mayo de 2022


El actor, director y académico de la Facultad de Artes, acaba de estrenar esta obra teatral que celebra los 100 años desde la primera presentación del virtuoso músico en este teatro santiaguino y que también conmemora 30 años desde su muerte. Para hablar del desafío que fue enfrentar la figura del pianista chileno más importante de la historia, Krebs hace un recorrido por su propia biografía: desde los videos que hacía en Puerto Montt hasta las salas de clases del Campus Oriente, donde trabaja desde 2017.

—La verdad es que yo vine a estudiar Teatro sin saber muy bien qué significaba todo esto —dice Francisco Krebs Brahm (Puerto Montt, 1978) entremedio de las clases y los ensayos finales de Arrau, el otoño del emperador, en que se detiene un momento y piensa en el viaje que hizo a Santiago en 1997 cuando se instaló en la capital y comenzó la carrera de Actuación en la Universidad Arcis. 

De hecho, sus referencias de la época eran casi todas cinematográficas. "Rayaba con películas como Star Wars y El Padrino. Me llamaba la atención cómo se construían y se hacían esos mundos de ficción", recuerda sobre este interés que en ocasiones unía con el humor. Otra de sus pasiones. 

Este gusto por la comedia lo desarrolló grabando diversas acciones en cintas de video cuando cursaba la Enseñanza Media. Como una serie de peleas falsas que representaba junto a sus amigos en el centro de la ciudad -al estilo de Jackass y años antes que se estrenara la serie en MTV- y también se registraban en cámara entregando indicaciones totalmente erradas a turistas que buscaban algo "típico" del lugar. "Eran videos como lo que hoy sería una especie de viral o lo que entendemos por teatro invisible. Con acciones que apelan al shock, a la sorpresa y a que el espectador no logra comprender si lo que está viendo es una ficción o no lo es", detalla el director, que ha incluido una veta humorística tanto en obras con alto contenido político, por ejemplo en Muerte accidental de un anarquista (Teatro UC 2019), como en formatos más experimentales, del estilo de Déjate perder (Festival Santiago a Mil 2013).

Concurso | "Arrau, el otoño del emperador" en el Teatro Municipal de Santiago

La ciudad viva

Ya en Santiago, ciudad a la que había venido en bus exclusivamente a ver partidos de Colo Colo, Francisco Krebs cuenta que en la universidad se formó en un ambiente "donde no existía el espacio para entender el arte si no era comprometido con la realidad y ahí comprendí realmente el grado de profundidad que tiene el Teatro. Pero luego, con más distancia y madurez, uno entiende que hay espacios para el activismo, que es distinto al arte, y que ambos también se pueden cruzar".

Esas tardes, cuando terminaba las clases, Francisco se devolvía a su departamento caminando por toda la extensión del Paseo Huérfanos. En esos años, a causa de la crisis económica provocada por la caída de los gigantes asiáticos, esta peatonal estaba llena de vendedores ambulantes y espectáculos callejeros que esperaban propina. Algo parecido a lo que escribió Enrique Lihn en El Paseo Ahumada, a propósito de esa otra crisis y el volcamiento de los desempleados a las calle en 1982.

"Cuando llegaba a la esquina de Huérfanos con Ahumada me quedaba viendo a humoristas, músicos, charlatanes y también al faquir. Me encantaba impregnarme de esa ciudad viva, que está bullente todo el tiempo", recuerda Francisco Krebs

—Cuando llegaba a la esquina de Huérfanos con Ahumada me quedaba viendo a humoristas, músicos, charlatanes y también al faquir. Me encantaba impregnarme de esa ciudad viva, que está bullente todo el tiempo. Creo que eso todavía se mantiene en el estadio, al que voy bien seguido, como un lugar donde se juntan personas de posiciones económicas muy distintas y que están cruzadas por una misma pasión —reflexiona el académico de la Escuela de Teatro. Pero antes de la dirección y de la academia, primero estuvo la actuación.

Titán del ring y bufón de la corte

Era 1998, el año en que Krebs iba a pisar por primera vez un escenario, pero finalmente terminó arriba de un ring. Cuando cursaba su cuarto semestre de estudiante de pregrado el profesor Amilcar Borges lo llamó para integrarse al Teatro de la Dramaturgia Corporal, compañía que en ese momento preparaba el montaje de Cachacascán y necesitaba a alguien que interpretara a un payaso terrorífico y a un político embaucador. "El escenario era un ring de lucha libre y el público estaba alrededor. Básicamente fue aprender lucha con Los Ex Titanes del Ring y hacer una obra de teatro que incorporaba esta técnica", rememora sobre esta primera experiencia con el colectivo, con quienes actuó durante diez años, hasta que vino el agotamiento.

"Estaba un poco agotado de la dinámica de actuar solamente. Sentía que había otras maneras de hacer, que necesitaba probar metodologías y desarrollarlas desde otros lugares", dice el actor y director

—¿Qué cosas te comenzaste a plantear en ese momento en que llevabas una década de trabajo actoral?

Estaba un poco agotado de la dinámica de actuar solamente. Sentía que había otras maneras de hacer, que necesitaba probar metodologías y desarrollarlas desde otros lugares. Como aspectos que cruzan las artes visuales, por ejemplo, de entender el espacio teatral como lo que podría ser una instalación. Pero cuando comencé a dirigir me di cuenta que necesitaba más herramientas conceptuales y también poder acceder a espacios de contaminación con otras artes, porque el Teatro se me había agotado, de alguna manera. Entonces tomé la decisión de cursar el Magíster acá.

Esas inquietudes sobre el teatro también las llevaba a sus clases. Las que comenzó apenas egresó del pregrado, ayudado de alguna manera por su interés con los comediantes populares de todas las épocas. Francisco había sido ayudante de un curso que tenía que ver con comedia y la figura del bufón y al irse el profesor titular, le ofrecieron hacerse cargo de esta cátedra en la Universidad Arcis. Además, con los años, comenzó a hacer clases de movimiento y de actuación en otros lugares, como la Universidad Finis Terrae y el Instituto AIEP, de la Universidad Andrés Bello.

—¿Cómo ha sido la experiencia de hacer clases?

Evito ser un profesor que impone solo sus visiones sobre ciertos elementos, prefiero generar las condiciones para que las y los estudiantes puedan desarrollar sus propias preguntas. Enmarcadas, obviamente, en un contexto de ciertos contenidos y tratando siempre de potenciar sus autorías. También es interesante descubrir qué preguntas se hacen y desde qué lugares están pensando esto. Y eso me mantiene activo intelectual y emocionalmente, como que me obliga a estar constantemente refrescándome con estas nuevas visiones. Lo que es bonito porque también te permite observar trabajos de gente que en poquito tiempo más van a ser colegas.

Francisco Krebs, académico de la Escuela de Teatro, durante su residencia en el Teatro Municipal de Santiago. Patricio Melo ©.

El camino al escenario del Teatro Municipal de Santiago

Todo comienza en un futuro cercano, alrededor del año 2035, en la sala de espera de un data center donde cinco personas que no se conocen, experimentan con un nuevo programa de inteligencia artificial. Réplica fue la segunda obra que Francisco Krebs dirigió en el Teatro del Lago durante el 2018. Después de esas funciones, Carmen Gloria Larenas -ex gerenta artística en el Teatro del Lago y actual directora general del Teatro Municipal de Santiago- gestionó que Krebs hiciera una residencia y dirigiera dos piezas en la capital: la obra Arrau, el otoño del emperador (en cartelera hasta el 15 de mayo) y la ópera La Traviata (agosto de 2022).

En la decisión de Carmen Gloria Larenas, también estaba el primer trabajo de Krebs en el teatro de Frutillar: Love Lenny, estreno mundial que celebraba el centenario del natalicio de Leonard Bernstein. Ese montaje, que abordaba las tensiones en la vida profesional, creativa y personal que vivió el compositor y ex director de la Orquesta Filarmónica de Nueva York al final de su vida, fue un antecedente importante en el camino a dirigir el homenaje a Claudio Arrau. Obra escrita por la dramaturga Ximena Carrera, con la actuación de Tito Bustamante como el destacado pianista chileno y la interpretación musical del pianista y actor Ángelo Solari. Lo que, además, marca el regreso del teatro a este recinto después de 20 años.

Ángelo Solari, Francisco Ossa y Francisco Krebs, Paola Volpato, Tito Bustamante y Paloma Romero. Teatro Municipal de Santiago ©.

—¿Cómo ha sido la experiencia de trabajar en este escenario?

Es trabajar en las mejores condiciones en las que un artista escénico puede desarrollarse. En el sentido que el teatro tiene equipos estables de trabajadores y trabajadoras especializadas que hacen que el trabajo de uno como director esté muy bien sostenido. Y lo otro es el acceso que tuve a su archivo, ya que como este proyecto se alargó con la pandemia, el trabajo de investigación fue mucho mayor al que generalmente uno hace para una obra de teatro. Tienen una colección maravillosa de textos sobre Claudio Arrau, que los tengo que haber pedido todos. Hay uno de cuando visitó Chile por última vez, que registra todos sus recorridos por el teatro y la clase abierta que dio para los niños y las niñas. También está el piano que tocó y bueno, hemos ensayado en la Sala Arrau , lo que es un lujo para este proyecto.

—¿Cómo lo has hecho aquí con el humor? Ya que es uno de los temas que cruzan muchos de tus trabajos en la dirección.

Sin duda el humor es algo que me interesa mucho. Hay obras donde eso está más expuesto y hay otras que están pensadas en otros contextos y por lo tanto está más replegado. Pero eso no implica que la obra sí pise ciertos callos a propósito de la figura de Arrau, respecto del rol que jugamos en nuestras decisiones personales y cuando tomamos ciertas opciones que están pensadas más en la propia conveniencia versus lo que la situación política o social requiere. A él le tocó estar en Alemania con los nazis en el poder y cuando visita Chile tiene que bancarse a Pinochet el palco presidencial. Entonces es imposible no pensarlo en términos políticos también.

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