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Investigar con los cuerpos entre la instalación, la performance y el teatro

14 de mayo de 2022


Estíbaliz Solís, estudiante del Doctorado en Artes vía Práctica como Investigación (PaR), participó junto al Colectivo La Tijera de una residencia artística en la región del Ñuble. Ahí se reunieron con mujeres de la zona con las que hablaron de sus prácticas diarias de trabajo, para luego vincular esos testimonios con algunos materiales en dos aperturas de este proceso que realizaron con públicos de Chillán y de Santiago.

photo_camera Apertura de "Un cuarto propio. Cuerpo, territorio y documento" en el Centro Cultural Municipal de Chillán. Mavi Parada ©.

Una cama ubicada casi en el centro de la sala, llena de ovillos de lana. A su lado hay un velador, cuya lámpara apenas ilumina una serie de hilos de coser distribuidos en su superficie y más ovillos que salen desde el interior de un cajón. 

El público ingresa y se mueve libremente por el lugar, donde también hay una máquina de coser -con un rollo de papel que pasa entre sus agujas-, un montículo de hojas secas que remiten a un bosque del sur de Chile y dos pantallas en cada extremo del espacio. Una con proyección de textos, principalmente, y la otra con videos creados por Mavi Parada (Uruguay, 1997) y también con proyecciones en vivo de la performance que realizan Paola Larrama (Uruguay, 1985) y Karen Halty (Uruguay, 1987), todas integrantes del Colectivo La Tijera (Costa Rica y Uruguay).

"Ha sido una instancia muy importante porque esto es algo que venía apareciendo en trabajos anteriores, de transitar entre medio de la instalación, la performance y el teatro", comenta Estíbaliz Solís

Apertura de "Un cuarto propio. Cuerpo, territorio y documento" en Sala Eugenio Guzmán (Santiago). Paulina Durán ©.

—Nos interesaba organizar y tratar de encontrar un dispositivo escénico y una manera de relacionar con la gente estos materiales que encontramos en la residencia —dice Estíbaliz Solís Carvajal (Costa Rica, 1986), directora teatral, sobre esta apertura de la investigación que realizó con el colectivo que integra hace diez años. "Ha sido una instancia muy importante porque esto es algo que venía apareciendo en trabajos anteriores, de transitar entre medio de la instalación, la performance y el teatro", agrega.

Luego de diez días de laboratorio de experimentación en el Ñuble, compartieron en el Centro Cultural Municipal de Chillán y en la Sala Eugenio Guzmán (DETUCH, Santiago) el proceso de investigación artística y de encuentros con mujeres de la zona y Alajuela (Costa Rica) que titularon Un cuarto propio. Cuerpo, territorio y documento.

Investigación realizada con el  con el apoyo de Iberescena, la compañía La Independiente Danza (Ñuble, Chile) y el Colectivo Artístico Teatro Kapital (Santiago, Chile).

Conversaciones con mujeres del Ñuble

Este grupo de actrices y creadoras estuvo en la capital regional del Ñuble durante abril, donde fueron con el propósito de indagar sobre el cuerpo. Esto porque luego del proyecto anterior del colectivo: Mujeres que cantan (2020) -en que ocho artistas escénicas, basadas en la idea del cuarto propio de Virginia Woolf, hacían distintas habitaciones para que el público transitara entre las instalaciones que abordaban la feminidad desde distintos puntos de vista-, "dijimos que si fuéramos a indagar más, trabajaríamos sobre el cuerpo. Sobre cómo se está en ese espacio. Entonces fuimos a buscar mujeres para conversar, personas que tengan un hacer en su vida cotidiana que pase por una práctica corporeizada que tenga un impacto sobre sus modos de concebir sus cuerpos", recuerda Solís.

Estíbaliz Solís, estudiante del Doctorado en Artes, mención Prácticas y Estudios Teatrales, en la modalidad Práctica como Investigación (Practice as Research, PaR).

Como colectivo se reunieron con tres personas de entre 45 y 65 años y de distintos territorios de la región, para escuchar sus experiencias. Eugenia Sepúlveda, artesana de Quinchamalí; Mireya Pinto, trabajadora de una viña de San Nicolás; y Vicky Mardones, costurera de Chillán Viejo. "El espacio de conversación era lo que ellas nos quisieran contar,  no eran entrevistas. Eso fue una de las cosas más lindas, porque su quehacer aparecía todo el tiempo, aunque no les estuviéramos preguntando directamente por eso", cuenta Estíbaliz.

Para estas creadoras era importante escuchar las experiencias locales en Chile. Ya que, en una primera instancia, habían recopilado algunos testimonios de mujeres en Uruguay, lo que derivó en que después hicieran lo mismo con las costarricenses Mayela Carvajal y Guadalupe Solís, en encuentros que estuvieron a cargo de Sasha Zuwolinsky (Costa Rica, 1986) y, finalmente, con chilenas también en terreno. 

—Conversando con ellas se nos hizo evidente cuáles son las condiciones materiales que tienen las mujeres para desarrollarse en todos los aspectos, a propósito de esta idea del cuarto propio que se necesita para crear, de Woolf. Para ellas, como para nosotras y muchas mujeres, el trabajo es una cosa que atraviesa la vida. No se para, no se distingue del trabajo remunerado, el doméstico y los cuidados. Además, está la relación ambivalente entre el amor, el deseo de sus quehaceres, el cansancio y la carga de ese no parar nunca y no tener un espacio fuera del trabajo. Esa es una de las puntas sobre las cuales seguiremos trabajando —adelanta la estudiante del Doctorado en Artes, sobre el futuro de esta investigación creativa.

"Para nosotras era fundamental ver cómo se transita, cómo se percibe y qué relaciones se hacen a propósito de los materiales que presentamos", dice Estíbaliz Solís

El bordado es uno de los quehaceres que surgió en las conversaciones durante la residencia. Sala Eugenio Guzmán (Santiago). Paulina Durán ©.

—¿Cómo reaccionaron frente al montaje los distintos públicos?

Para nosotras era fundamental ver cómo se transita, cómo se percibe y qué relaciones se hacen a propósito de los materiales que presentamos. También por eso quisimos hacerlo en dos espacios tan distintos, porque haber tenido ese dispositivo abierto con mucho espacio, nos dio una manera de relacionarse en Chillán que fue muy distinta de lo que sucedió en Santiago. Allá había muchos estudiantes de danza y recalcaban las posibilidades que tenían para recorrer el espacio. La invitación que algunos sentían de entrar a la zona de hojas o a la cama, no pasó en Santiago, como que había más distancia y me parece que es porque acá (Santiago), de algún modo, se da por hecho que esto es posible.

—¿Y en los conversatorios que tuvieron después de la apertura?

En Chillán nos preguntaron mucho sobre el proceso y cómo habían surgido los materiales que presentamos. Las personas estaban muy interesadas en el modo de hacer. En Santiago igual apareció esa pregunta sobre el hacer, pero fueron muchos más los comentarios sobre los temas que escogimos. Además, en Chillán recuerdo que algunas personas hablaron de su relación con sus abuelas. Comentarios que están en un nivel más sensible. Eso nos pasaba en Mujeres que cantan, que aparecen otras conexiones que tienen que ver más con la experiencia compartida.

Las artistas escénicas uruguayas Paola Larrama y Karen Halty en el Centro Cultural Municipal de Chillán. Mavi Parada ©.

—¿Qué viene para el futuro?

Nosotras en este momento no estamos pensando en la obra en sí, sino que estamos  tratando de tirar ese hilo que viene desde Mujeres que cantan para seguir indagando. Nos interesa mucho más todo lo que pueda suceder en este año, para seguir pensando los problemas que ya aparecieron y pensando cuáles son los modos de explorarlos escénicamente. Entonces le pusimos mucho tiempo, dentro del espacio de residencia, a indagar, a pensar, a discutir y a probar cosas. Ahora vamos a seguir aplicando a residencias y también tenemos programado escribir, porque era uno de los asuntos que interesaba dentro del proyecto para Iberescena, que es empezar a sistematizar las cosas que hemos ido hallando en artículos, específicamente.

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