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La práctica de la instalación en Chile: la investigación Doctoral de Rodrigo Bruna

21 de mayo de 2021


En la modalidad de cotutela entre la Facultad de Artes UC y la Universidad Autónoma de Barcelona, el artista becado por Conicyt desarrolló una tesis desde una perspectiva histórico-crítica sobre esta práctica, que contó con más de 50 entrevistas y lo llevó a revisar archivos de artistas, galerías y museos del periodo 1969-2014. "Hasta la fecha no existía una investigación seria, profunda y rigurosa sobre la instalación en Chile", dice Ignacio Villegas, profesor del Postgrado en Artes UC.

photo_camera Rodrigo Bruna, artista y Dr. en Artes, mención Artes Visuales.

El año 2016 el artista visual Rodrigo Bruna (1971) presentó en el Museo de Arte Contemporáneo de Bogotá la instalación Pulvis et Umbra VI, obra con la que reconstruye la historia gráfica del funeral de su abuelo mediante café. Acción que se complementó con la invitación hecha al público a llevarse el polvo (café) de las exequias recuperadas. En igual periodo el artista estaba reconstruyendo una segunda historia, la de la instalación (arte) en Chile. Labor que lo llevó a pesquisar y recuperar fotos y documentos en torno a esta práctica, considerando un periodo que iba desde el año 1969 hasta el 2014. A través de esta investigación Bruna buscó poner en valor obras y autores invisibilizados por la escena artística local.

Pulvis et umbra VI, de Rodrigo Bruna. Museo de Arte contemporáneo de Bogotá, Colombia. 2016.

"Tenía mucho sentido hacer esta investigación porque mi trabajo como artista visual se ha centrado principalmente en la instalación como práctica", dice Rodrigo, que acaba de obtener su Doctorado en Artes, luego de un proceso académico de cotutela entre la Facultad de Artes UC (Doctorado en Artes, mención Artes Visuales) y la Universidad Autónoma de Barcelona (Doctor Internacional). Su tesis estuvo dirigida por los académicos Dr. Ignacio Villegas (PUC) y Dr. Jaume Vidal (UAB), y contó con un tribunal de defensa integrado por la Dra. Anna María Guasch (Universidad de Barcelona), Dr. Emilio Martínez (Universidad Politécnica de Valencia) y Dr. Alberto Madrid (Universidad de Playa Ancha), quienes calificaron su investigación de forma unánime como Sobresaliente Cum Laude.

Uno de los aspectos que Bruna destaca de esta cotutela, es que "la investigación trasciende el propio espacio académico de la Universidad Católica, permitiendo una mirada mucho más amplia y compleja de cómo se recepcionan ese tipo de investigaciones". (Enlace a tesis)

La instalación en Chile

Primero desde la práctica, y después como investigador, Rodrigo estuvo interesado en comprender cómo se origina y surge la instalación en nuestro contexto, que el autor fija en 1969 con la exhibición de las obras Población, de Víctor Hugo Núñez (Sala Universitaria, Casa Central U. de Chile); Peligro, de Félix Maruenda (Hall central de la Escuela de Bellas Artes); y Cuerpos Blandos, de Juan Pablo Langlois (Museo Nacional de Bellas Artes).

Peligro, de Félix Maruenda. Hall central de la Escuela de Bellas Artes, Santiago, Chile. 1969. © Archivo Félix Maruenda.

En su análisis inicial sobre este género, recuerda que "si bien existían aproximaciones reflexivas, principalmente en libros y en algunos catálogos, no había un relato que las unificara desde una mirada histórico-crítica". Así que con la guía del profesor del Postgrado en Artes UC, Ignacio Villegas, se propuso una metodología de trabajo y se dedicó, en un primer momento, a reunir toda la información posible sobre la instalación en Chile para poder abordar el problema de su práctica de una manera más integral.

Para eso, el investigador becado por Conicyt, hizo más de 50 entrevistas a artistas, curadores(as), directores(as) de galerías, directores(as) de museos y teóricos(as). "Siempre partía preguntándoles cómo entendían el problema de la instalación. Y ahí me encontraba con una diversidad de aproximaciones, que evidenciaban una confusión con el mismo término. Eso me dio un espacio para confirmar que estaba situado en un buen lugar para investigar, porque era necesario precisar ciertas definiciones y profundizar en el problema definido", explica Rodrigo.

Primer periodo: los antecedentes de una práctica

"Ellos hablaban mucho de ese clima de efervescencia y libertad. Decían que en esa época era tan fuerte lo que ocurría en las calles, que lo que ellos podían estar haciendo dentro del museo no era más radical que lo pasaba ahí afuera. Eso era súper interesante, porque se unían esos espacios, el museo se transformó en un espacio vivo y abierto a nuevas experiencias, donde el espíritu contemplativo deja paso a una acción participativa que respondió a un momento histórico que vivía el país"

A partir de esas entrevistas Rodrigo Bruna pudo ingresar al campo de estudio definido para su investigación, el cual considera un periodo que se inicia en el año 1969 y concluye en el 2014. En esas conversaciones sostenidas con Juan Pablo Langlois y Víctor Hugo Núñez, conoció de primera fuente los primeros antecedentes de esta práctica y el espíritu de época de estos primeros años. "Ellos hablaban mucho de ese clima de efervescencia y libertad. Decían que en esa época era tan fuerte lo que ocurría en las calles, que lo que ellos podían estar haciendo dentro del museo no era más radical que lo pasaba ahí afuera. Eso era súper interesante, porque se unían esos espacios, el museo se transformó en un espacio vivo y abierto a nuevas experiencias, donde el espíritu contemplativo deja paso a una acción participativa que respondió a un momento histórico que vivía el país", menciona sobre esas conversaciones del ciclo histórico con que inicia el relato de su tesis.

Población, de Víctor Hugo Núñez. Museo Nacional de Bellas Artes, Santiago, Chile. 1969. © Archivo Víctor Hugo Núñez.

Esa conexión entre lo que ocurría en las calles y las propuestas de esos artistas en los museos -que fueron los primeros espacios en exhibir instalaciones en el país-, estaba determinada en gran medida por las reformas sociales que la ciudadanía expresaba desde los gremios de trabajadores, federaciones estudiantiles y partidos políticos revolucionarios, entre otros actores populares y territoriales que integraban la Unidad Popular tras la campaña presidencial de Salvador Allende. "Aparecen ya como muy importantes las temáticas en torno a lo latinoamericano y la reivindicación de lo popular. En esa línea hay una obra de Núñez, Población, que es la que más respondía al contexto político que se estaba viviendo en ese momento. Está la crítica a la institucionalidad del museo, representada en la obra de Juan Pablo Langlois, así como también hay obras que exploraron las posibilidades perceptivas del espacio, como Túnel Cinético, de Matilde Pérez", indica el investigador.

Segundo periodo: el desarrollo de la instalación

Luego de la efervescencia social de los años 60 y principios de los 70, llegó el apagón cultural de la mayoría de las instituciones públicas que habían promovido las artes. Esta etapa la ubica durante la dictadura cívico militar, cuya junta liderada por Augusto Pinochet tomó el poder y todas sus instituciones -incluidos los museos- entre 1973 y 1989. "Ahí encuentro que cambia la dinámica, ya que surgen las galerías privadas no comerciales. Estas se transformaron en agentes protagónicos del desarrollo de la instalación, porque dieron visibilidad y validación a una práctica que circuló cifradamente bajo la mira de la dictadura", puntualiza. Sobre todo en lo de galerías no comerciales, ya que su objetivo no era solamente dar un lugar físico para exhibir las obras, sino que también proponían un espacio para "la discusión y difusión teórica de la escena neovanguardista del periodo. Eran galerías dirigidas por artistas o por algunos gestores, entre las que se destacan Galería Cromo, Galería Época, Galería Sur y Galería Ojo de Buey, entre otras".

¿Qué hacer?, Gonzalo Díaz. Galería Sur, Santiago, Chile. 1984. © Archivo Gonzalo Díaz.

Si en las décadas de los 60 y 70 había una multiplicidad de términos para referirse a esta práctica artística, como "montaje" y "environment", Rodrigo Bruna dice que: "A partir de la literatura revisada me doy cuenta que a mediados de la década de los 80 aparece el término instalación en algunos catálogos. Su aparición no generó ningún cuestionamiento y se entiende como parte de los procesos de transferencia que comienza a experimentar nuestra escena producto de la participación de los artistas chilenos en exposiciones internacionales, como la Bienal de París (1982), Chile Vive (1987) y Cirugía Plástica (1989), entre otras”. Pero el artista e investigador también indica que luego de ese primer momento de adopción del concepto, "no hay que olvidar que la sexta Bienal de Valparaíso, del año 1987, fue dedicada a la instalación, marcando un hito en el desarrollo de su práctica en nuestro contexto".

Tercer periodo: de la institucionalización a la globalización de la instalación 

El modelo neoliberal globalizado. Así define el autor el ambiente desde la transición a la democracia en 1990 hasta 2014. Aquí se amplía la posibilidad que tienen las y los artistas para viajar a exponer fuera de Chile, como también aparecen las postulaciones a becas para estudiar en el extranjero y poder compartir con profesionales de otras nacionalidades y ampliar las perspectivas sobre las artes.

Historia de cenizas, Nury González. Galería Gabriela Mistral, Santiago, Chile. 1999. © Archivo Nury González.

Rodrigo Bruna es parte de esa generación de artistas. En su caso pudo estudiar entre 2002 y 2004 en la Kunstakademie Düsseldorf (gracias a una beca del Servicio Alemán de Intercambio Académico DAAD), junto a los profesores Daniel Buren y Gerhard Merz de la academia alemana. "Eso implicaba nutrirse de otros discursos de primera mano, porque en los 80 la mayoría de la información llegaba de segunda mano a través de publicaciones, revistas y catálogos que algún artista traía desde el extranjero", recuerda.

"La instalación comienza a salir de las galerías privadas no comerciales y empieza a tener un diálogo más directo con los espacios de carácter público. Al respecto, los museos retoman su rol protagónico junto al surgimiento de nuevos espacios de exhibición. Como es el caso de la Galería Gabriela Mistral, que acogió a partir de la década de los 90 un número importante de instalaciones de artistas chilenos"

Sobre los hallazgos que Rodrigo considera más significativos de este periodo, dice que "los gobiernos de la transición comienzan a entender que se necesita una institucionalidad cultural, que era algo que se había perdido durante la dictadura". Lo que motiva la creación del Fondo Nacional de Desarrollo Cultural y de las Artes (Fondart), fondo concursable que favoreció el financiamiento de importantes instalaciones del periodo, así como de catálogos monográficos vinculados a esta práctica desde 1992, y se comience a trabajar en la creación del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, organismo que cimentó las bases de una orgánica estatal al servicio de la cultura en 2003. "Esto repercute en que la instalación comienza a salir de las galerías privadas no comerciales y empieza a tener un diálogo más directo con los espacios de carácter público. Al respecto, los museos retoman su rol protagónico junto al surgimiento de nuevos espacios de exhibición. Como es el caso de la Galería Gabriela Mistral, que acogió a partir de la década de los 90 un número importante de instalaciones de artistas chilenos", detalla sobre algunas de las iniciativas culturales por parte del Estado durante la transición.

La importancia de esta investigación

Luego de un trabajo de investigación que Rodrigo Bruna inició el 2014 y que terminó con una tesis de más de 600 páginas, cuyo contenido defendió en un examen hace algunas semanas, cabe preguntarse por la relevancia de este trabajo para el circuito artístico y académico. "Hasta la fecha no existía una investigación seria, profunda y rigurosa sobre la instalación en Chile", es lo primero que dice el profesor Ignacio Villegas sobre el tema. 

Historias de Aprendizajes, Voluspa Jarpa. 31º Bienal de Sao Paulo, Pabellón Ciccillo Matarazzo, Sao Paulo, Brasil. 2014. © Archivo Voluspa Jarpa.

Para el académico del Postgrado en Artes UC, esta tesis doctoral que abarca 45 años y nueve gobiernos entre democracia, dictadura y transición, "tiene el mérito de contener un vínculo estrecho entre la perspectiva política y la historiográfica, tanto en el relato de los hechos como el análisis de las obras más relevantes. Esto le permite al investigador generar una teoría sobre la instalación en Chile. Otro rasgo relevante es de carácter ontológico, pues la tesis de Bruna actualiza la pregunta sobre qué es arte, que es la instalación, cómo ha cambiado la noción de lugar y algo muy importante: cómo se ha desarrollado esta disciplina en Chile, desterrando de paso una visión y análisis del arte basado únicamente en su capital, Santiago".

Sobre este último punto, Rodrigo Bruna explica que es importante esta "posibilidad de visibilizar y poner en valor obras y artistas que muchas veces no participaban de la escena metropolitana, porque generan puntos de vista distintos de cómo esas escenas o esos artistas fueron entendiendo el desarrollo de la instalación". Es por eso que aborda en su investigación proyectos en Antofagasta, Valparaíso, Talca, Valdivia y Chiloé, entre otros. De hecho, relata que para la última Bienal de Temuco (2006) las y los artistas locales buscaron revertir el papel de las anteriores bienales, las cuales cumplieron un papel legitimador de la producción capitalina. "Bajo este contexto menciono en la tesis la instalación La isla te inquieta (2006), del artista regional Pablo Ceballos. Que con su pieza compuesta por aviones de papel hechos con los colores de la bandera chilena, el artista pone en cuestión un símbolo que busca unificar un territorio sin considerar la diversidad cultural y lingüística existente en este. En esa misma línea, siento que con esta tesis se puede poner en valor la realidad de las escenas regionales, ampliando el alcance territorial de esta investigación", afirma.

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