Víctor Romero Rojas: un agitador de la inclusión

19 de mayo de 2022


Su doble militancia académica en las facultades de Artes y Medicina, su perfeccionamiento interdisciplinar en Teatro y Psicología, y su incansable trabajo desde el Centro UC Síndrome Down y Fundación Mawen, han convertido a Víctor en un profesional sin parangón. ¿Cuál ha sido el camino para impactar en la vida de miles de niños, niñas y jóvenes?

photo_camera Créditos: Angelina Dotes.

Cuando Víctor Romero Rojas plantea la importancia de la participación social y cultural de las personas en situación de discapacidad, con diversidad funcional o cognitiva, no tiene que ver con invitarlas a un concierto o ser parte de alguna visita guiada a un museo.

Para el exalumno y profesor de la Escuela de Teatro UC, se trata de subir a 26 jóvenes con discapacidad cognitiva a un escenario y hacerlos parte del proceso creativo de un proyecto que termina presentándose frente a más de 5 mil personas. Y así resultó Cactus: Sólo muere lo que se olvida (2018), montaje que bajo la dirección de este académico itineró por distintas ciudades de Chile y España.

La impronta de Víctor Romero Rojas tiene que ver con eso: una fuerza movilizadora, contagiosa, que no solo invita a sumar esfuerzos para garantizar el acceso a la cultura de estas personas; sino que busca incluirlas en los procesos de creación y producción de las diversas manifestaciones, amplificando sus voces, ideas y sueños.

A continuación, un viaje por aquellos episodios que han marcado su trayectoria.

Primeros acercamientos

“Siempre tuve una cercanía y la necesidad de desarrollarme como un artista vinculado con lo social, pero no tenía conciencia de que podía encontrar un nuevo mundo de saberes”, rememora el actor UC sobre sus acercamientos iniciales a la inclusividad.

Quizás fue el año en el que estuvo de intercambio en la Pontificia Universidad de Salamanca, donde asistió a un electivo de profundización vinculado con la psicología del desarrollo y psicopatología. “Me inscribí pensando en técnicas para perfeccionarme como intérprete, pensaba que me serviría en la construcción de mis personajes. Sin embargo, lo que me marcó fue el diseño de un proyecto que se preguntaba cómo las prácticas artísticas y culturales pueden ser un espacio de intervención social”, recuerda Víctor respecto al episodio piloto de lo que hoy es su trabajo.

El proceso formativo y creativo que vivieron los artistas y el equipo técnico que dan vida a la obra de teatro Cactus, sólo muere lo que se olvida (2018) se encuentra disponible en el documental homónimo que aborda sus inquietudes y propuestas. Créditos: César Cortés.

También pudo ser su primera experiencia profesional en las tablas, en la obra Ojos que suenan (2010), donde interpretó el personaje de Alberto Vega, actor que desde 2006 padece del Síndrome de Cautiverio. “Yo era novato cuando Alberto, en ese entonces director de la Escuela de Teatro, sufrió ese grave accidente en bicicleta que lo dejó paralizado. Por eso, cuando surge la oportunidad de asistir al casting de la obra escrita por María Elena Muñoz, no lo pensé dos veces”, relata Víctor acerca del montaje que lo terminó de convencer de algo que ya sospechaba: las artes aplicadas son una herramienta de transformación social y ofrecen una mirada que hoy, él asume a modo de compromiso.

En mi condición de ex alumno y académico de la universidad, me comprometí a transmitir que el trabajo de un teatrista puede ir de la mano del compromiso social y que podemos transformar la sociedad a partir de las herramientas que disponemos”, declara el actor que, desde aquellas experiencias, no ha dejado de perfeccionarse. En 2016, a través de un magíster en Desarrollo Cognitivo y, actualmente, por medio de un doctorado en Psicología Social y Política en la Universidad de Chile.

Por la participación en cultura

La línea de investigación de Víctor tiene que ver con la apropiación de los espacios públicos de personas con discapacidades por medio de intervenciones artístico-culturales, tema que virtuosamente también moviliza parte de su trabajo como coordinador general del Centro UC Síndrome de Down y director de Fundación Mawen.

Víctor ha gestado proyectos en los que la participación social y la presencia en el espacio público han sido ejes fundamentales. Por ejemplo, 21M, un Chile mejor en 21 palabras y colores, una intervención lumínica que se instaló en Valparaíso, Temuco y Santiago, en la que personas con discapacidad y la comunidad en general respondieron cómo se imaginaban un país más inclusivo, combinando distintas herramientas para lograr su cometido.

Frontis de Casa Central UC iluminado con la palabra #21M

La proyección lumínica fue una creación artística digital 3D de la recopilación de rostros y mensajes de personas que han participado de la convocatoria “21M, un Chile mejor en 21 palabras y colores”, el pasado 21 de marzo de 2022. Créditos: César Cortés.

Otro ejemplo fue Santiago, un estallido de colores, actividad realizada en el marco de la conmemoración de los días del Síndrome de Down (21 de marzo) y Concienciación del Autismo (2 de abril), que buscó develar el potencial creativo de niños, niñas y jóvenes en situación de discapacidad, a través de la realización de 40 murales que terminaron instalados frente al Palacio de La Moneda.

Además, en junio próximo, Víctor inicia como jefe del curso: Producción para la inclusión en las artes, un programa de Educación Continua dirigido a artistas, gestores culturales, productores, directores, profesores de arte, profesores de teatro o carreras afines.

En la inauguración de los murales de Santiago, un estallido de colores, asistieron la directora del Área Socio Cultural de la Presidencia, Irina Karamanos; la alcaldesa de Santiago, Irací Hassler; el rector de la Universidad Católica, Ignacio Sánchez; y el fundador de la Brigada Ramona Parra, Crescencio Cobo. Créditos: Karina Fuenzalida

Desmedicalizar y ampliar la mirada

El trabajo interdisciplinar ha sido una de las estrategias fundamentales para la misión del Centro UC Síndrome de Down: mejorar integralmente la calidad de vida de estas personas y de sus familias, entregándoles herramientas para facilitar el máximo desarrollo de sus capacidades y su inclusión en la sociedad.

¿Cómo aportan las artes en esta misión? Desmedicalizando la mirada de los profesionales de la salud. “En estos siete años, hemos demostrado a la comunidad, y en especial a los futuros profesionales, que se puede hacer un trabajo interdisciplinario donde convergen lo social, la salud, lo educativo y lo artístico cultural”, explica Víctor Romero.

Aunque el Centro UC Síndrome de Down partió como apoyo a las familias y personas con esta condición genética, con el tiempo fueron ampliando sus programas. “Nos vimos en la situación de ir acogiendo a familias con otras necesidades, pero siempre dentro del espectro de la discapacidad cognitiva que es nuestra expertise. Por ejemplo, nos encontramos con personas que tienen un diagnóstico dual, es decir, además de tener síndrome de Down, presentan una condición de autismo; o personas con discapacidad cognitiva y algún tipo de discapacidad física o parálisis cerebral”, puntualiza el teatrista, quien ha sido parte de este espacio desde su fundación en 2014.

Nuevo curso “Producción para la inclusión en las artes” comienza en junio

 

 

 

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