expand_less

Ramón López Cauly: una vida dedicada al teatro

10 de mayo de 2024


Durante la jornada del viernes 10 de mayo, el histórico profesor de la Escuela de Teatro fue honrado con el grado académico de Profesor Emérito. A continuación, Ramón López comparte sus reflexiones sobre la trayectoria que lo ha hecho merecedor del respeto y la admiración de toda una comunidad artística.

photo_camera Ramón López en su taller. Créditos: Gary Go.

Su nombre es parte de la historia de las artes escénicas en Chile. Por más de medio siglo, Ramón López Cauly se ha desempeñado con excelencia como iluminador, escenógrafo, director teatral, asesor de grandes proyectos arquitectónicos, y otros tantos roles que, recientemente, han sido reconocidos por el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Patrimonios, con el otorgamiento del Premio a las Artes Escénicas Nacionales Presidente de la República 2023.

Y es que, en sus 55 años de experiencia como creador escénico, Ramón López ha participado en más de 200 obras de teatro y ópera. Por nombrar algunas, destaca su papel como escenógrafo e iluminador de La balsa de medusa dirigida por Tito Noguera (1984, Teatro UC); Esperando a Godot dirigida por Mauricio Pesutic (1994, Teatro UC); Cosi fan' tutte gestionado por el régie Michael Hampe (1999, Teatro Municipal de Santiago); Art dirigido por Claudia Echeñique (1999, Teatro UC); Sunset Limited dirigida por Álvaro Viguera (2015, Teatro UC) y La pérgola de las flores dirigida por Tito Noguera (2020, Centro GAM), entre muchas otras.

Su trayectoria ya había sido reconocida, en 2012, por el Círculo de Críticos de Arte , organización que también ha premiado su trabajo en la ópera La italiana en Argel (2019), la ópera La Boheme (2018) y la ópera El Trovador (2017). Además, Ramón recibió el Premio APES por el diseño de las obras Rompiendo códigos (2006) y Largo viaje de un día hacia la noche (2001), y por la dirección de la obra El vestidor (1998). 

El vestidor. Teatro de la Universidad Católica de Chile (TEUC). Año: 1998. Dirección, escenografía e iluminación de Ramón López. En Archivo de la Escena Teatral UC.

Yo pensaba que ya estaba de salida y con este premio ha sido al revés”, afirma Ramón López sobre el reconocimiento que recibió del Ministerio. “Es un estímulo para seguir con más fuerza todo lo que pueda en los años que me quedan por delante, que todavía estoy activo. Y bueno, que la Escuela de Teatro UC me haya postulado fue como un abrazo de mi propia familia”, explica.

Como parte de nuestra comunidad, Ramón López se ha desempeñado como director técnico de Teatro UC, director de la Escuela de Teatro durante tres periodos y decano de la Facultad de Artes durante dos. "Durante más de 50 años hemos sido testigos del gran aporte profesional, artístico y docente que el profesor López ha realizado a nuestra Universidad en las diversas áreas que componen su quehacer. Ha contribuido al enriquecimiento, complejización, innovación e impacto de las artes escénicas, tanto al interior de nuestra comunidad como a nivel nacional", plantea el director de la Escuela de Teatro UC, Mario Costa.

Para reconocer estos y otros incontables aportes a la cultura nacional, el Honorable Consejo Superior de la Universidad Católica ha decidido conceder a Ramón López el grado académico de profesor emérito, el cual le será otorgado en una ceremonia privada el viernes 10 de mayo, en el Centro de Extensión del Campus Oriente. Su nombre se suma a una corta lista de profesores que han recibido este reconocimiento en la Facultad de Artes: Eduardo Vilches, Gaspar Galaz, Ramón Núñez, Jaime Donoso y Víctor Alarcón. 

Créditos: Karina Fuenzalida.

“Para mí la universidad es como un segundo hogar”

Ramón López ingresó a estudiar Arquitectura UC en 1966. Este año fue la antesala de uno de los periodos más agitados para nuestra casa de estudios, que comenzó con el proceso de reforma universitaria, en el que se modificó la manera de estructurar la orgánica y el sentido de la educación superior, en línea con los esfuerzos de desarrollo y modernización del país; y que continuó con una contrarreforma, impulsada por la dictadura cívico-militar.

En este periodo pasan muchas cosas en mi vida. Termino mis estudios de arquitectura, me caso, empiezo a trabajar en el Teatro de la Universidad Católica, postulo a una beca y me voy a estudiar Escenografía, iluminación y vestuario en la Ópera Nacional Inglesa. Fue un período muy estimulante, convulsionado y muy fundante en mi vida profesional”, relata el nuevo Profesor Emérito UC.

¿Cómo describiría su historia con la Universidad? 

Mi historia con la universidad es muy especial porque prácticamente no tengo familia. Yo soy hijo único, no tengo hermanos, no tengo primos acá. Entonces, de alguna manera yo hice mi familia acá en la universidad, con mis compañeros. Primero hice mi familia con mis compañeros de universidad, con quienes nos seguimos viendo, y después con mis compañeros de trabajo, en la Escuela de Teatro, en la Facultad de Artes. Yo vivía aquí: desde las nueve de la mañana en las clases, hasta avanzada la noche en los ensayos en el Teatro. Entonces, para mí la universidad es como un segundo hogar, un segundo hogar que no es impuesto, no es obligado.

—Quizás el reconocimiento que usted recibe ahora es una muestra de la recíproca de afecto…

Claro, es como la guinda de la torta. Es como un regalo, una ratificación de esta relación de afecto. Para mí la Universidad Católica ha sido una relación de afecto muy importante, que de hecho nunca me esperé. Yo tuve muchos cargos y por eso mi relación con el mundo del arte es transversal, porque mi trabajo es de diseño, de dirección, con músicos, con plásticos. Siempre me sentí en un ambiente muy confortable, hablando lenguajes, digamos, que son para uno cotidiano. 

¿Cómo cree usted que la educación universitaria en las artes ha cambiado en los últimos años?

Ha habido una evolución importante en el enfoque de lo que el arte puede contribuir a la sociedad, a la vida espiritual sobre todo. Lo que la Universidad Católica ha hecho en el campo del arte es bastante paradigmático y es un eje importante en nuestra vida en Chile. La dictadura fue un periodo complejo porque el arte era una actividad que podía ser polémica y conflictiva, y Campus Oriente no se restó de esta complejidad, estuvo en la polémica, se cerraron carreras, se volvieron a abrir, etc. Esa subsistencia decanta lo esencial de lo que el arte puede ser para el ser humano. 

Créditos: Karina Fuenzalida.

¿Hay alguna experiencia o recuerdo que destaque de su paso como profesor en la Escuela de Teatro?

Bueno, yo como profesor me entretuve mucho porque mis cursos, si bien eran de formación en la carrera de un actor, director o dramaturgo, siempre tenían que ver con el tema del espacio, de la visualidad, de lo estético, del contenedor del espectáculo. Mi trabajo no era con el cuerpo mismo, ni con la palabra ni la voz, era sobre cómo podemos transformar las ideas dramáticas en temas espaciales o de color, cómo acogemos y complementamos un lugar donde pueda ocurrir esa historia. Entonces, eso da una gran libertad y una gran especulación también. Para mí era muy atractivo llegar a clase porque las tareas que uno daba eran provocaciones y a veces había propuestas de los alumnos y ejercicios plásticos en tres dimensiones, instalaciones en el espacio. Entonces yo aprendía más de ellos, que ellos de mí, y siempre había mucho humor en la relación con los alumnos.  Es importante esa situación de pasarlo bien, de complicidad y de retribución recíproca. Yo te explico, te doy potencia en lo que tú dices, pero cuando tú lo haces ocurre algo que a mí no se me va a ocurrir, y también me sirve para mi propio trabajo.

¿Qué consejo le daría a las nuevas generaciones de estudiantes de la Escuela o a los futuros profesionales del teatro? 

—Un consejo que yo le puedo dar a quien se mete en este mundo es que tiene que estar como una esponja. O sea, absorber, mirar, no dejar de percibir e incluso robar en el buen sentido. Porque luego uno recombina todo lo que va mirando de la experiencia del mundo que nos rodea y después de la experiencia humana, de la psicología del ser humano. La creación escénica tiene que ver con una recomposición, una recreación de esas cosas que ya existen, pero que al ponerlas sobre el escenario se transforman y son nuevas, ya no son lo que vimos afuera en la calle. Lo otro es tener la capacidad de trabajar en equipo. Nuestro trabajo no es un trabajo solitario, es transversal. Yo dependo del otro y el otro depende de mí. Esa suma se va potenciando y genera un espíritu que no solamente le da calidad a la obra, sino que también incide en la calidad de vida y ahí está el tema de la familia.

Largo viaje del día hacia la noche. Teatro de la Universidad Católica de Chile (TEUC). Año: 2001. Escenografía e iluminación de Ramón López. En Archivo de la Escena Teatral UC.

Un teatrista multifacético

La preocupación por el desarrollo y el fortalecimiento de las artes escénicas en Chile condujeron a Ramón López a liderar diversos proyectos en los que desplegó su profesionalismo y capacidad de gestión. Uno de ellos, fue dentro de su periodo como director técnico del Teatro UC, donde concretó la adquisición de un inmueble en Plaza Ñuñoa —el entonces Cine Dante— para instalar allí al actual Teatro UC

Otro gran proyecto que contó con su coordinación fue el levantamiento del actual edificio que alberga a la Facultad de Artes UC. Un proyecto que buscaba unificar físicamente a las oficinas administrativas de la Escuela de Arte, el Instituto de Música y la Escuela de Teatro, unidades académicas que hasta esa fecha se encontraban diseminadas por distintas áreas de Campus Oriente. Además, durante este mismo periodo generó y consolidó el primer Doctorado en Artes del país. 

Además, el profesor López fue uno de los primeros miembros en integrar la delegación chilena de la OISTAT (Organización Internacional de Escenógrafos, Arquitectos y Técnicos Teatrales) junto con destacados diseñadores teatrales, tales como Sergio Zapata o Germán Droghetti. Con ellos, se encargó de llevar a la Cuadrienal de Praga el trabajo del importante diseñador escénico Bernardo Trumper, para su reconocimiento a nivel internacional. Este hito marcaría la presencia de Chile en el destacado encuentro de las artes teatrales para los años siguientes.

Ramón López en la Escuela de Teatro UC. Créditos: Karina Fuenzalida.

Por otra parte, como líder nato, Ramón López ha integrado y dirigido importantes equipos: desde 1998 es Miembro de Número de la Academia Chilena de Bellas Artes del Instituto de Chile; entre 1994 y 1996 asume la presidencia del CETT (Corporación Chilena de Escenógrafos, Técnicos y Arquitectos Teatrales de Chile); entre los años 1993 y 2000 es miembro del directorio de la Corporación Cultural de la Estación Mapocho; entre 2008 y 2010 es miembro del directorio de la Corporación Cultural Matucana 100; y, entre 2006 y 2009 integra el Comité Consultivo Regional del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes. Además, fue el primer presidente del director del Centro Cultural GAM.

En palabras de Mario Costa, "la trayectoria artístico-académica de Ramón López se enraíza en el ideario fundante de las artes escénicas en nuestra universidad, realizando importantes proyectos artísticos, docentes y de gestión que lo han llevado a ser hoy reconocido por el medio profesional, por sus estudiantes y sus pares como un maestro en su oficio".

 

Comparte nuestro contenido en: